Fue increíble. No tenía otra forma de describirlo porque así me sentía también. El problema era que ahora cualquier cosa que viniera después de probar a un hombre como Marcos me iba a saber a caca. A poca cosa. Tenía el cuerpo entrenado, no solo los brazos. Las piernas, el torso, estaba lejos de ser una escultura, pero estaba más que bueno. Lo que más me llamó la atención fue su trasero. Sensual, formado. Y sí, con cómo la metía sin parar con toda esa potencia, no tenía que extrañarme. Y bueno, si me quedaban dudas sobre si éramos dos despechados buscando revancha, seguían ahí. Porque en ningún momento me acordé de eso, como si todo lo que nos pasó antes de esa noche no tuviera importancia. El sexo no hizo más que intensificar esa sensación extraña, esa conexión. La tal Vera estaba muy

