No veía la hora de volver. Sabía que probablemente estaría durmiendo, pero bueno, quería llegar. Estaba cansada, me tomé unos tragos de más y necesitaba verlo. Me pasé la noche fantaseando entre acordes, entre canciones, pensando en si le habían gustado esas pastas horribles que se me pasaron por soñar despierta. La reacción extraña que me provocaba en el cuerpo cada vez que imaginaba su boca, como una contracción que duraba dos segundos y se formaba en el bajo vientre, que me hizo saltarme muchas notas, me tenía enloquecida. De alguna manera, me alimentaban las ganas por apurarme a regresar. Y después estaba lo que Andrea insinuó sobre no sé qué cosa del alma o el karma. Llegué a pensar que podía ser cierto, porque no se explicaban ni los flashes de su cara en mi cabeza, ni la sensación

