Todos se quedaron tiesos, como si el tiempo se hubiera congelado. Nadie se atrevía ni a respirar fuerte. Porque con Cary presente, ni de broma se atreverían a burlarse de mí.
Cary y yo nos conocíamos muy bien. Él tenía derecho a decirme lo que fuera, pero eso no significaba que cualquier otro también pudiera hacerlo, incluida su mamá. Lo vi siempre como un tipo controlador y muy suyo.
Cary era grande, imponente. Aunque fuera con un traje elegante, su sola silueta hacía que el aire se pusiera tenso. Su presencia llenaba cada rincón como si fuera el dueño del lugar. Rick parecía un cadáver de lo pálido que estaba.
"Cary, estaba tomado. Solo era una broma…" soltó Rick, nervioso.
"¿Cary? No creo haberte dado permiso para llamarme así." La voz de Cary salió como un trueno, y Rick se arrodilló sin pensarlo.
"Señor Grant, lo siento mucho. Fui un idiota, un imbécil. Nunca debí faltarle el respeto a su esposa," rogó con voz temblorosa.
"Disculpaselas a ella, no a mí," respondió Cary, frío como el hielo.
"Señora Grant, perdóneme. ¿Podría olvidar lo que pasó?" dijo Rick, mirándome suplicante. Aun sangrando en la cabeza, se veía arrepentido. No tenía ganas de seguir con eso.
"Vete ya," le dije.
Pero Cary volvió a sujetarle del cuello. "Pon atención. Esta es tu única advertencia. Desde hoy no quiero verte ni en pintura por esta ciudad. ¿Entendido?"
Rick movió la cabeza como loco y salió prácticamente corriendo.
Después de esa escena, nadie más quiso quedarse en la fiesta. Todos se esfumaron con cara de susto. Portia me tomó del brazo; ella sabía sobre mi situación con Cary. Aún faltaban treinta días para que el divorcio fuera oficial, así que si montaba un show ahora, mal timing total.
"¿Te vas?" me preguntó.
Asentí y luego le hablé a Cary. "Gracias por lo que hiciste. Me voy ya."
Cary sería todo lo patán que quieras, pero cuando había que actuar, lo hacía. Si no fuera porque alguna vez lo quise, hasta me habría parecido un final bonito.
"¿Y tú qué haces vestida así?" Cary me tomó del brazo y señaló mi ropa.
¿Vestida así? Bajé la mirada—era solo un vestido ceñido, con hombros y brazos al aire. Vale, marcaba demasiado mis curvas, pero tampoco era nada escandaloso. Portia hasta me había dicho en broma que era demasiado para este lugar.
"No creo que tengamos contrato de horario ni código de vestimenta," solté con sarcasmo. "Además, hay gente por aquí con menos ropa que yo."
"Eres mi esposa, no deberías estar en un club así." Cary me soltó una mirada helada.
"Noticias frescas: tú mismo dijiste que este matrimonio era secreto. Aparte de tus amiguitos ricos, nadie sabe que soy tu esposa," rebatí sin dudar.
Me apretó la muñeca con fuerza. Lo miré, seria. En ese momento no quería ceder. Sabía que si admitía culpa, me dejaría ir y podría acelerar mi parte del trato.
Pero ese pensamiento me dejó un vacío. Lo odié. "¿O qué, vas a anunciarle al mundo que estoy casada contigo?" le solté directo.
La mirada de Cary se oscureció. Fue como si le hubiera quemado el ego delante de todos.
"Cary, ¿qué pasa? Mi hermano te está esperando." La tensión se rompió por una voz femenina suave.
Una mujer se acercó, enganchándose del brazo de Cary. Al ver mi cara, su expresión se volvió un poco incómoda, como no entendiendo mi presencia.
"No es nada. Solo mi secretaria. Vi que algunos la molestaban y vine a ayudar," dijo Cary, soltándome como si nada.
Portia casi lo mata con la mirada. Yo la sostuve con la mía. En ese instante, algo en mí hizo clic. Ya no quería ser la esposa fantasma.
Me dejé caer entre los brazos de Cary. "Jefe, creo que me mareé. ¿Podría llevarme al hospital?"
Vi en sus ojos ese gesto de "más te vale no seguir", pero con descaro me acerqué más a él. Conocía a esa mujer, no era cualquiera: Vanessa, hermana del jefe de un proyecto clave con quien recién habíamos empezado a trabajar.
Ella era crucial para la empresa.
Me apoyé en el pecho de Cary. "Hablo en serio, necesito que me vean ya."
Creí que me iba a empujar en el acto, pero para mi sorpresa, apartó a Vanessa y me sostuvo a mí. "Avísale a tu hermano que tengo que llevar a mi secretaria al hospital."
"¿¡Qué?! ¡Cary, estás bromeando!" Vanessa chilló. "¡Sabes lo importante que es este trato!"
Pero Cary ni la peló y caminó conmigo al ascensor. Su ritmo cardíaco estaba acelerado. Yo no tenía ni idea de qué tramaba.
Tenía miedo. Casi nunca lo veía tan molesto. Apenas entramos, traté de soltarme.
Cary me empujó contra la pared con fuerza. "Escucha bien. Sé que andas molesta por lo del trabajo. Lo acepto—todo esto puede ser solo un jueguito entre los dos."
Se acercó y me mordió la oreja. Me quedé quieta, tratando de desaparecer. Luego, sin aviso, empezó a subirme el vestido.
"¿¡Estás loco!? ¡Esto tiene cámaras!" grité y le detuve la mano como pude. Sabía que él podía borrar las grabaciones, pero aún así, me aterraba la idea.
"¿La loca no eres tú? Vienes a seguirme y justo apareces para atraparme con otra," soltó burlón.
¿Qué? Solo vine a pasarla bien con Portia. ¿Cómo iba a saber que él vendría con su nueva novia? "¡No fue así! ¿Para qué haría eso? ¡Ya no te amo!" le grité.
Cayó un silencio cortante. La expresión de Cary se volvió gélida. No era solo enojo, era algo más… algo herido.
No lo amo—¿no era eso lo que él siempre quiso?
El ascensor sonó y las puertas se abrieron. Cary se giró, bloqueándome. Bajé la mirada y vi unos zapatos italianos relucientes, pantalones de traje bien planchados y manos grandes evitando contacto. Cary inclinó la cabeza levemente. "Con permiso."
El tipo era claramente importante, uno de su nivel.
Sin decir nada, salí del ascensor pegada a Cary. Moría por escapar de esa escena. Pero aún así, sentí la mirada del otro hombre clavarse en mí como si fuera basura.
Y tenía razón—¿quién se deja humillar así por su propio "marido" en un elevador?
Ya en el coche de Cary, el chofer levantó la cortina entre nosotros. Yo me acurruqué como un bicho, lo más lejos posible de él.
Solo se escuchaba mi respiración. Me negaba a romper ese silencio.
Hasta que Cary soltó un suspiro. "Voy a tener que ocuparme del proyecto ahora. Montar ese show en el club no ayuda—parecías una tonta, desquiciada. Como una loca de telenovela."
Pensé en responderle, pero el trámite del divorcio aún estaba pendiente. No valía la pena. "¿Algo más?" solté, tratando de sonar tranquila.
"Si quieres seguir a mi lado, déjate de paranoias. No tengo tiempo para lidiar con tus dramas," gruñó.
"Vale. ¿Algo más?" seguí con ese juego de obediencia pasiva.
Cary se acercó de golpe, me agarró del mentón y me soltó: "Hyacinth, ¿te das cuenta de lo insoportable que estás ahora mismo?"
Sentí un golpe directo al corazón. Las lágrimas amenazaron con salir, pero me contuve. Apreté las manos con fuerza y esbocé una sonrisa forzada. "Mira, hay una forma de que dejes de encontrarme insoportable."
"¿Qué?" Sus ojos se entrecerraron, oscuros.
"Divórciate de mí." Lo miré directo, sin temblar.