**TIFFANY** Yo los miré a todos. Uno por uno. Y en ese instante, no me sentí como la hija del fundador. Me sentí como la heredera. Como la nueva voz. Como la mujer que ya no se iba a callar. Era el fin de su juego. Y el comienzo del mío. Ricardo intentó articular una respuesta, su rostro, una máscara de furia y frustración, pero su voz se perdió en un carraspeo inútil, ahogada por el peso de los documentos que yo misma había colocado sobre la mesa. Su dominio se estaba desmoronando ante mis ojos. —No vine a negociar —declaré, y el eco de mi voz llenó el espacio con una autoridad que me sorprendió incluso a mí misma—. Vine a recordarles quién soy. Me incliné ligeramente sobre la mesa, con mi mirada fija en el centro de su codicia. —Durante años me mantuvieron al margen. Me hicieron cre

