Si no sabes...

1284 Words
Santiago me peinó el cabello, me llenó de besos y me abrazó. —Yo sé que es difícil disfrutar de la vida cuando te acaban de romper todas las ilusiones, pero me parece injusto dejar de vivir por otros. Luna finalmente hace orines en el césped y Santiago y yo reímos y le aplaudimos, su hermana no tarda en captar el mensaje y hace lo mismo. —Pensé que me estafaban cuando decían que estaban potty trained. —Yo no sabía que los daban así. —Claro, claro. —¿Qué vamos a hacer con dos perros? —¿Qué vas a hacer, Santiago? —él niega con la cabeza y me dirige hacia la casa. Nos despedimos de sus padres y hermanos, Santiago parece feliz, relajado, y me encanta verle así, me encanta ver el otro lado, el de la familia feliz, sana y amorosa. Cuando llegamos a casa, Santiago se pone a hacer su maleta lo cual significa que toma una maleta grande, mete todos sus boxers, mete todas sus pantalonetas y camisas de playa, algunos pantalones, es que es lo más práctico y tiene una cartita lista para salir con su perfume, desodorante, cremas corporales. Me río mientras le observo de un lado a otro. —¿Y los zapatos? Santiago abre su armario y saca un par de trajes, solo por si acaso y una maleta de zapatos. —¿Quién putas eres? —No le cuentes a nadie... pero... odio ir mal vestido —me río y él también, porque sabe que se está pasando. Santiago les da a sus perros toda una habitación lo cual me parece ridículo y me pide la blusa que llevo, le miro seria y él me dice que es para que se sientan seguros, le doy la blusa y él se quita la suya, luego voy a ducharme mientras ridículamente se queda con los perritos viéndolos dormir. Me coloco un pijama y le pregunto: —¿Cuál es la habitación de la humana? —Puedes dormir conmigo. —Santiago. —Vas a ver que nos dormimos mejor. En mi defensa, no dormimos mejor, es que volé una buena distancia, horneé, fui carismática y todo eso no es lo que acostumbro y me quedé dormida, me dormí mucho, muy profundo. Cuando desperté eran casi las diez de la mañana y Gala estaba observándonos. —¿Hola? —saluda y yo grito, horrorizada. Santiago se despierta asustado y saca de la veladora un arma, su hermana levanta las manos asustada y yo grito con más horror. —¿Desde cuándo duermes con armas? —Toda la vida, Galilea, ¿qué putas haces en mi habitación? —Me dejaron aquí a las cinco, ya paseé a los perros, los alimenté, ya mamá y papá llegaron y no se despertaban, pensé que se fueron sin mí y después te vi súper dormido y vine hace una hora y siguen dormidos, me preocupé y deja de apuntarme con eso —grita y yo me pongo frente a la niña. —¡Deja de apuntarle! —le exijo y Santiago deja el arma en el suelo, se baja de la cama y bebe un poco de agua. —Ya casi nos vamos. —¿Quién se cree? —Sí, ni una disculpa —me quejo. —De esto, sí voy a hablar con mi mamá. —Sí... no, pobrecito tiene PTSD. —Pudo haberme disparado. —Galilea, estás mayor y en una habitación en la que duermen dos adultos no se entra ni de broma, pude haber estado haciendo otras cosas que me encantaría no me veas hacer nunca. Salimos en una hora —anuncia muy serio y las dos nos quedamos abrazadas en nuestro rincón. Ella me mira incrédula y yo niego con la cabeza, Galilea no me suelta y le recuerdo que necesito ir a bañarme y alistarme porque no quiero cabrear más a su hermano. —Puedo entrar contigo a la ducha y no ver. —Vale, pero cálmate eh. —Vale. Las dos vamos a acompañarme a alistarme y ella se queda muy juiciosa del otro lado de la cortina, analizando la situación de enojo de su hermano. —O sea, sí es para tanto, pero no para pistolas. —Correcto. —Pero todos ya llegaron. —Comprendo. —Sí, y esto casi no es mi culpa. —¿Cómo no lo es? —le pregunto. —Ya sabes, me dejaron aquí, mis papás, como si fuese un gato y no su hija. —Ah, sí, y hay unos tipos de papás que se divorcian y te hacen vivir en dos casas, es horrible —ella me mira divertida—. Pero tu hermano tiene mucha razón, es complicado despertarse con alguien viéndote directamente porque una parte del cerebro lo percibe y alguien más gritando... o sea... el sistema de alarma de Santi es diferente. Y por último, pudimos haber estado teniendo sexo, ¿sabes lo incómodo que podría ser eso? ¿Has visto un pene siquiera, quieres que el primero sea el de tu hermano? —No, iu. —Exacto. —Vale... le debo yo una disculpa. —Sí. —Chicas, ya lo organicé todo para irnos, por si quieren irse. Galilea sale del baño y le dice. —Lo siento, no quería atentar contra tu salud mental ni tu pene—Santiago la mira y le da un abrazo. —Sorry por apuntarte. —Vale, nos vamos, entonces. —Anuncia antes de gritar —regina ya estás lista? Nos subimos en helicóptero, una vista hermosa de la ciudad, el clima precioso todo super tranquilo, aterrizamos a unos minutos de la casa, Alexis fue por nosotros y cuando llegamos simplemente me enamoré a primera vista, casa de madera, enorme, al lado de la playa, justo lo que uno necesita para esconderse de la realidad. —Santiago, yo me regreso contigo—anuncia Domenic. —Ves, nadie te tiene ganando piedra papel tijera. —le dice su hermana y este asiente. —Muy inteligente tú. Santiago me toma de la mano y me muestra un poco la casa, que si su piscina, su cancha de tennis, un par de jardincitos para disfrutar, los perros parecen felices jugueteando y Domenic se ha animado a compartir con ellos porque su hermano eventualmente tiene que irse del país y yo también y si son hijos perros de su hermano son nietos perros de su mamá, básicamente si Santiago tiene un hijo de cuatro patas él también, su lógica no la mía. —¿Qué les parece si almorzamos y luego vamos a la playa? —propone mi suegra. —Mamá, ya llegó mi hermano, yo quiero ir ya a la playa. —Acabo de dar una sugerencia Domenic. —Yo quiero ir ya—su hermano intenta no reírse y su mamá se ve seria. —Yo llevo a Domenic ya, tú nos llamas cuando esté el almuerzo —propone su marido y ella le da un beso antes de seguir conversando sobre el almuerzo con la encargada de la casa. Nosotros vamos al salón, y Santiago está respondiendo llamadas de trabajo, mientras me quedo observándole. Este se percata de que tengo la vista puesta en él, y deja lo que está haciendo. —¿Armas en la habitación? —Soy exmilitar. —Sí, y un montón de gente que no tiene armas debajo de la mesita de noche. —Sí, ¿quién putas eres? Ya Gala me dio las quejas. —Sí, ¿y porque tendrían sexo en el día? —pregunta Gala y Santiago y yo intentamos no reírnos, su hermano suelta la carcajada y nosotros después. —Ven, dame un abrazo y sigue sin saber.
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