Mi papá estaba de espaldas, pero la emoción en la cara de Linnie le avisa de mi llegada. Gretta sonríe encantada. Lleno de besos a mi papá y luego a mis hermanas. Gretta se disculpa por no irme a visitar ni un solo día, es que para hermanas como ella, obsesionadas con el marido y el trabajo... para qué seguir viviendo... Tal vez, Linnie y yo decidamos en conjunto comprar las casas vecinas a la de Gretta solo para molestarle.
—Hola, familia. ¿Qué hacen aquí? —pregunto.
—Santiago nos invitó —comenta Linnie. —Hermano —le saluda—, feliz cumpleaños —dice y le entrega una caja de regalo.
—Hermana —le devuelve el saludo y se dan un beso y un abrazo. Gretta intenta no reírse y le entrega el suyo.
—No hacía falta, pero muchas gracias. Me alegra que vinieran, ¿están cómodos?
—Todo ha sido maravilloso, gracias.
Santiago les presenta a su familia, y tomamos una mesa mucho más grande en un lugar más privado. Mis hermanas ya saben de Gala, y Linnie parece decidida a hacer su trabajo de gemela. Mi papá y los de Santiago se hacen amigos de inmediato, es mucho más fácil y Santiago mantiene a Gretta entretenida.
Cenamos riquísimo, en medio de risas, anécdotas y burlas.
—Entonces se cambiaban todo el tiempo —comenta mi suegra. —¿No lo hacen de mayores?
—Su novio siempre termina pescándome —bromeo y todos se ríen.
—Son reconocibles una vez hablan —dice Santiago.
—Manejamos el arte de imitarnos mejor que nosotras mismas.
—Seguimos haciéndolo, solo tenemos menos oportunidades y así como que me muera por pasar un día besándome con Rod, no es exactamente el target.
—Yo podría pasar un día con Santiago feliz de la vida o si Gretta se abre de mente, podría tener una vida con Ramón.
—Sí, sí... con Ramón es diferente —aseguro.
—¿Qué tiene Ramón?
—¿Has visto a Ramón? —preguntamos mi hermana y yo.
—Dejen a mi marido fuera de sus fantasías —pide Gretta—. Solo yo tengo derecho a sexualizarlo.
—Debe ser mágico tener una casa de solo niñas —dice la mamá de Santiago. —A que ellas no pelean todo el tiempo y hacen caso.
—Casi no pelean entre ellas, pero cuando encuentran una presa en común... son feroces.
—Nos cae mal la gente en la misma intensidad, ¿qué espera que pase?
—Sí.
—Esta mañana yo salí como un buen hombre, un espectacular hermano y novio, y dos mujeres me hicieron una escena de celos conjunta —comenta Santiago.
—Ay, no fue así —me rehúso y todos ríen.
—La verdad, Regina fue elegante y solo te tomó de la mano y yo de la otra porque esas mujeres podrían haberte violentado enfrente de nosotras —mi papá se ríe ante el comentario de Gala.
—Sí, como dice Galilea, todo fue por tu bien.
—Regina no es celosa —me defiende Linnie y Gretta asiente, poco convincente.
—Gala es celosísima, una vez vio a un pájaro meterse en el nido de los pájaros que ella consideraba una familia feliz y prefirió destruir el nido que dejar a un nuevo pájaro intervenir en la pareja —comenta Tom.
—Yo sigo pensando que ese era el papá de la pájara —comenta su madre—, pero... Galilea tenía otros pensamientos.
—Estaba fomentando la responsabilidad afectiva en pájaros y hoy solo protegí el bienestar s****l de mi hermano el mediocre —yo me río y Santiago le tira un hielo a su hermana en la frente, esta se ríe.
—¿Santiago, quieres hablar sobre ser un 7? —pregunta Gretta y todos en la mesa reímos. —A mí me da pena, la verdad, estás joven, guapo... esperaba más de un siete... pero si Rinnie dice que es un siete, es un siete.
—¿Cuánto le pusiste a Ramón?
—Un 8.8, pero a él le digo que 7 para fastidiar y que tenga ganas de mejorar —apunta mi hermana y asiento.
—¿Cómo Gala sabe de la numeración que le diste en tu vida privada a su hermano? —pregunta mi papá.
—Estaba interrogándome... y me liberé.
—¿Con una niña de doce años?
—Trece —le corregimos Gala y yo y veo a Santiago con suficiencia.
—Me la he ganado —murmuro y él me toma de la mano debajo de la mesa.
—Le caes mejor que después de conocerte por t****k.
Claro, aquí tienes el texto con la ortografía corregida:
---
—Todavía no somos amigas, pero no me caes tan mal, ni tengo tan mala opinión de ti. A ver, no tienes culpa de tener ese cuerpo, ni de haber sido engañada por George, y definitivamente, no tienes culpa de estar saliendo con Santiago.
—Sí, tú eliges mal constantemente —comenta mi hermana mayor y con sarcasmo, todos ríen en la mesa.
—¿Qué tengo yo, según tú? —pregunta su hermano y le tira otro hielo. Su mamá le regaña.
—Otro día...
—No, ya pues, andas liberada, mejor nos cuentas a todos y podemos opinar —comenta Gretta.
—Sí, sí, al final es mejor sacar a Regina de esto que dentro de un mes y medio más —comenta Linnie—. No sabes cómo me costó con George... qué horror.
—En lo que a mí respecta, Santiago nunca se ha enamorado, así que estás perdiendo un poco el tiempo. Y ahora que la verdad, si me caes bien, pasar de George a Santiago no es saludable, mejor déjalo.
—Galilea, de verdad, a la que van a dejar y muchísimas veces es a ti, eres una pesimista y no dejas vivir —la regaña Tom.
Sus papás la regañan por el comentario tan ácido que se acaba de echar y yo veo a Santiago en silencio, muy serio. No planea ni siquiera defenderse, pero,
—Me pidieron mi opinión.
—Ya no opines —murmura su madre y le acaricia el pelo.
Mis hermanas conversan entre sí y sé que viene una de esas conversaciones en las que todo el mundo ríe, pero yo me hundo en tristeza y vergüenza.
—Regina es una rompecorazones profesional.
—No.
—Sí, sí, ¿recuerdas con Sawyer?
—Ah sí, el chico de intercambio era ruso... o algo e iba a cantarle en un idioma que ni entendíamos y Cruella pasaba de él.
—El de aquí, el del ukelele... con el pelo raro —murmura mi padre.
—Papá, él ahora es un músico, he tenido muy buena visión... Fui... fui.... la primera en apoyarle y ahora voy gratis a sus conciertos cuando quiero. Así que ni tan mal.
—¿Cómo le rompiste el corazón?
—El baterista... el baterista y yo teníamos más química. Estaba buenísimo.
—Sí, y olía espantoso —comenta mi padre—. Era una cosa.
—Sí, mal gusto tiene la niña.
—Pero lo que no saben, Galilea, es que yo he elegido a Santiago —dice mi papá y todas nosotras reímos—. Y soy un hombre súper exitoso.
—¿De verdad, tú lo elegiste? —pregunta su madre y yo trato de no reír—. Porque yo me he esforzado mucho con los niños, como podrán ver. Mi hijo habla varios idiomas, está guapo y alto, es súper protector, baila para que nunca te quedes sentada. Ya me contaron que se va cuando quiere, es decepcionante, egoísta en la cama... pero bueno... eso es cosa de él, yo le di un penecito divino, caderas saludables, bueno, yo lo hice bien por nueve meses y luché dieciocho años contra sus instintos más masculinos —me río y Santiago la mira exasperado—. Y un hombre te eligió para ser el esposo de su hija, yo solo tengo que añadir que los esposos tienen anillos y se casan... viven en su propia casa, que no es la mía, y anillos, Santiago, no sé, como por darte una idea. Tienes que aprovechar tu suerte.
—Sí, Santiago, mi hermana ya está en una edad en la que no puede ir eligiendo novios deficientes en sexo y en toma de decisiones.
—Después de esta conversación ya no me lo puedes pedir en el próximo mes porque voy a sentir que te presionaron y voy a quitarte puntos.
—No te cases conmigo —resuelve y todos le miramos incrédulos. Santiago saca algo del pantalón y mi corazón empieza a latir con más fuerza y velocidad, me siento ligeramente mareada, pero pone en la mesa un juego de llaves con mi inicial—. Vente a vivir conmigo —pide y yo suspiro, suelto la respiración que había estado conteniendo.
—Santiago, estás guapísimo, eres mediocre en la cama, pero tu mayor problema es que roncas y me usas de almohada para brazo, no sé si quiera vivir bajo esas condiciones.
—No voy a ofrecerte cuartos separados.
—Necesitas aceptar que voy a dormir en mi propia habitación.
—No, absolutamente no.
—Vale, misma casa, camas separadas.
—Una cama más grande —me río, porque sé que va a dormir de mi lado.
—Cama más grande.
—Vale.
—Hecho —quito la mano que estoy por estrecharle—. Pero necesito mi tiempo.
—Máximo un mes.
—No, no vengas a presionarme.
—No, te estoy dando tiempo y espacio y me estás hueviando, ¿verdad?
—Sí.
—¿Planeas dejarme como al músico?
—¿Te gustaría que te ayudara con algo más? —y diré que eras un visionario y que estabas guapísimo, pero follabas al siete —Santiago me llena de besos y los dos reímos.
Me sorprende que nadie haya pensado todavía que esto podría ser una farsa. Escucho a mi papá y a mi suegra decir:
—Te imaginas los bebés tan lindos que vamos a tener de nietos.
—No, Laura, no. Hay que dejarlos creer que es su idea, y así se nos da pronto.
—¿Será que pueden hacer dos bebés de un tiro porque nosotros queremos un nieto de tiempo completo y creo que tú también? —comenta Alexis.
—Ya eso es la vida, pero, podemos mandarles alimentos afrodisíacos.
—Tú tienes más oportunidades de tener más nietos pronto, ¿por qué no nos dejas este?
—No... no voy a negociar eso, mis nietos son míos, pero comparto porque es beneficioso para su neurodesarrollo.
—No, no, no asustes a Regina —les advierte Gretta—. Un día a la vez.
—Santiago ya está mayor —señala Alexis y el hombre en cuestión se ríe.
—Sí, Santiago, a tu edad, mi mamá tenía dos hijos y no era mediocre en el sexo —asegura Galilea.
La mesa se llena de risas.