Primera convivencia

1476 Words
Mudarme había sido difícil, creo que incluso cuando viví con George podía huir de estar con él. Los dos siempre trabajábamos como si fuéramos una especie de monstruos de la economía. En cambio, Santiago está en todos lados. La verdad, no me queda claro cómo maneja tres compañías. Ya aprendí una cosa o dos de trabajar para un hombre con el que compartes cama, así que fui a ver al hombre que me dio la vida... o liberó gusanos hacia el útero de mi mamá. En realidad, yo hice todo el trabajo de crearme. Estoy segura de que la decisión de multiplicarnos y dividirnos fue mía, y fue idea de Linnie salir lo más parecidas posible. En fin, mi papá me ama, de verdad, pero lleva dos semanas huyendo de mí, así que me planté en Recursos Humanos y exigí que me dieran un trabajo. Mi papá llamó tres minutos más tarde y me preguntó si me sentía bien. —Sé que no planeas morirte y no quiero que te mueras, pero no tengo trabajo y necesito aprender lo que sea que se haga aquí. —Regina... —¿Regina? ¿Me has llamado Regina? —Hijita, te llamas así. Yo creo que no es saludable lo que intentas, porque no hablo con los Caín. —No, no. Quiero algo tranquilo. —¿Quién te dijo que esto es tranquilo? —Papá, ¿qué tan difícil puede ser comprar o vender algo...? —Adiós, Rinnie. —Ah, soy Rinnie de nuevo. —Sí, niñata, y no voy a darte mi empresa para que juegues a las muñecas —me advierte y finaliza la llamada. La de Recursos Humanos me mira divertida, como si hubiera ganado una pequeña batalla, y yo tomo mi bolsa y le recuerdo que mi nombre está escrito por todo el lugar. Ella ha ganado una batalla pequeña, yo heredaré la guerra... Fui al hospital para almorzar con mi hermana y me informaron que llevaba una semana sin ir a trabajar. Así que me fui a comprar comida y luego a su casa, pero me dijeron que ya no vivía ahí. Entonces, solo entonces, me preocupé. La llamé, pero no contestó. Gretta tampoco estaba informada de nada de esto y mi papá no quería volver a contestarme el resto del mes. Llamé a Claudia y esta trató de evadir la conversación, pero terminó soltando de repente que Linnie y Rod lo habían dejado, y esta vez era en serio. —¿Puedes brindarme más información? —No me corresponde —responde. Mejor le digo que me tengo que ir, pero que si sabe algo de mi hermana, podría corresponderle informarme que está bien y solicitarle que me llame. —Ey —escucho que me saludan desde la puerta. Sé que es Santiago, pero a ver... que la casa está tan loca como bonita: todo se enciende automático, hay mierdas ecológicas y, aparentemente, Santiago me observa hasta cuando cago. Cosas que necesitamos conversar. —Hola, Santiago. —¿Mal día? —Sí, mal día porque estoy desempleada por andar siguiendo una v***a deficiente. —Habla con más respeto de mi m*****o masculino, potente y súper s****l. —Deja de hablar conmigo por los micrófonos y ven a ser un hombre al que le grita una mujer. —Me encanta el sexo enojado, pero tengo visitas. No me es posible. —De verdad que si está tu mamá, te pego —respondo y tiro mis cosas en el mesón de la cocina. Voy a la terraza y me encuentro a Tom y a dos hombres más que no conozco. —¿Para qué necesitas trabajar? —pregunta uno de los amigos de Santiago. —Es ultra feminista, no juegues ese juego con ella —advierte otro. —No necesito trabajar, trabajo porque me da la gana. Tengo tres herencias, mis propias inversiones, puedo quedarme aquí y mantener a Santiago como mi empleada, mi perro s****l, pero no me apetece. —A mí me gustaría follar todo el día —comenta Santiago, y sus amigos asienten. —Podrías ir a pilates con Claudia. —Ay sí, y podríamos planear cuántas veces al mes te la van a chupar —respondo sarcástica. —¿Tienes algún otro problema? —Rod lo ha dejado con Linnie —comento, y el rostro de Tom cambia. —Ah, sí, pero bien por Linnie. Él podría meterle todos los cuernos que quisiera, pero ella ha agarrado un bate y le ha quebrado todos los autos que ha recordado que tiene. Le cayó a la guarida en la que se veía con sus zorras, roció gasolina por todo el perímetro y lo amenazó con un cerillo. —Salió con los pantalones abajo. —Linnie encendió el cerillo y él, junto con las dos zorras con las que estaba, salieron corriendo, como cuando provocas un hormiguero. Y aun así, el muy cabrón ha intentado negarlo. —No... mi pobre hermana... y mi amiga, la que va a estar indignada cuando le diga que me dijiste. —Yo les ayudé, es mi chisme. —¿Con qué les ayudaste? —pregunta Santiago—. ¿Por qué no me llamaste? —Lo rastreé, le desactivé las cámaras de los hangares y les conseguí pases para todo. Soy el marido top del mes. —Wow, vendiste a uno de los nuestros por sexo con tu esposa. —Sí, el sexo marital es obligatorio. —¿Dónde está mi hermana? —Ha montado un contacto cero. Claudia está preocupada. —Sí, pues no lo parece. —¿Te apetece encontrarla? —pregunta Santiago. —Sí. —Cuanto sexo significa eso. —No soy una prostituta, y estoy muy segura de que si no me ayudas, voy a cerrar las piernas, y no sabes lo mucho que me encanta hacer limpieza s****l. A diferencia de ti, puedo durar meses sin sexo. Se me podría ocurrir volverme célibe hasta que me case... Santiago y sus amigos hacen una apuesta de mil dólares por encontrarla primero. Yo me quedo esperando y voy a prepararles café. Cuando regreso, se ha montado un jolgorio; Santiago ha ganado por dos segundos, pero tiene la información: mi hermana está metida en la que fue la casa de mi madre. Definitivamente, nadie planeaba buscarla ahí. —Excelente servicio —respondo y le doy un beso en la punta de la nariz a Santiago. —He ganado dinero y sexo, soy tan afortunado. —No regreso hasta pasado mañana —le aviso, y él me mira serio, mientras sus amigos ríen—. Clau tampoco. Me voy por mi amiga y después nos dirigimos a la casa de mi madre. Linnie está acostada al lado de la piscina, en la parte de la sombra, durmiendo. Nosotras la llamamos suavemente para no asustarla, y ella agita la mano. —¿Estás bien? —No. —¿Quieres compañía? —No estoy sola —responde. —¿Estás...? —pregunta Claudia, buscando a alguien con la mirada, y le susurro si está alucinando con mi mamá. El asunto es mucho más delicado de lo que esperábamos. —¿Regresaste con él? —se anima a preguntar Claudia. —No. Llevo a su hijo dentro de mí, todo el día, todos los días. Y pienso que no debería estar triste, que no debería pasarle esta energía de decepción, pero no puedo —responde—. Me siento como en pausa. —¿De cuánto estás? —No voy a abortarlo. Estoy por cumplir tres meses. Íbamos a tener una fiesta con los amigos y la familia para anunciarlo, un pastel enorme, y la gente sonriendo y aplaudiendo... y ahora estoy aquí, esperando resultados de infecciones por transmisión s****l, pensando si mi hijo necesita un panel de patologías... Dios mío, me pesa respirar. —¡Bueno, vamos a tener un bebé! —anuncio. —Sí, si ella tiene un bebé y se queda en pausa para toda la vida, es tu hijo. —Voy a ser mamá sin las estrías —celebro, y Linnie sonríe. —Puedes morirte de desamor, o puedes hacer esa fiesta enorme, anunciarle al mundo que esperas a la persona más importante de tu vida, y que lo vas a hacer sin Rod, pero nunca sola. Porque tiene dos tías fantásticas, un abuelo que va a adorarle, y el tío Ramón, que es pro juegos. —Tom y Santiago querrán ser tíos. —Tom va a querer ser tío, Santiago va a querer ser papá. Estoy segura de que va a intentar robártelo. —Sí, el que pierde es él. —Exacto —me acuesto a su lado, y Claudia hace lo mismo. Pero la silla de plástico no estaba preparada para esto y se quebró. Las tres nos reímos. ¿Les apetece un maratoncito? Comenten muchísimo, estaré subiendo otro a capítulo en una hora
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD