¿Voy o no?

1264 Words
Sepan que Santiago no es fácil ni es un príncipe azul. Después de firmar en una servilleta, me ha enviado algo firmado por él y su notario y la verdad era una propuesta decente y había un silencio incómodo en nuestras conversaciones. Así que no sabía qué decir específicamente, no sé qué hacer, pero hoy tengo un date con Claudia y Linnie. Mi hermana y mi amiga han venido hasta acá coladas en el jet del marido de mi amiga, para visitarme y echarse todos los chismes personalmente y la verdad es que son sanadoras, las dos, porque están más locas que una cabra. Fuimos por un masaje, que las uñas y estábamos esperando a Claudia para ir a cenar. Tom entró a la habitación y nos saludó. —Linnie, tú de nuevo —me dice. —Soy Rinnie. —Puta, nunca la pego. —Claudia nos contó, le hacías escribir nuestra inicial siempre que salíamos. —Es confuso, pero a ti no te tengo miedo—le dice Tom a Linnie, y le veo divertidísima ante el descubrimiento. —¿Me tienes miedo? —Sí, eres medio mala... tú eres la gemela mala. —Soy intimidante, pero sexy e inteligente. —Lo sé, he escuchado muchas cosas —responde—. Mi tía quiere invitarte a la celebración de cumpleaños de Santiago. ¿Le doy tu número? —¿Cuándo cumple años? —A mediados de la semana que viene. —¿Y qué tengo que comprarle de regalo? —Eso... es una buena pregunta —comenta Tom. —Santiago es un niño de cinco años, tienes que elegir bien su regalo porque se desilusiona fácil —advierte Claudia. —No sé si deba ir... la verdad. —Claro que debes ir, mi primo está obsesionado contigo y es muy raro pero a mi tía le caes bien. Así que yo no le caería mal. —Sí, pero si Santiago quisiera invitarme me hubiese dicho. —Yo quiero conocer al tal Santiago. —Sí, deberías. —¿No se conocen? —No ha surgido la oportunidad —todos vemos a Claudia y su marido eleva las cejas. —¿Qué estás haciendo? —Estoy haciéndome los labios. —Claudia, déjate de mierdas y vámonos. —No, no voy a salir con labios feos, dame diez minutos. —¿Para delinearte los labios? —pregunta Linnie y Claudia asiente y da una mirada de reojo a su marido. Linnie le quita el delineador y le delinea los labios, sin tomarse cinco años por raya, luego le pasa el color y en tres minutos está listo. —Ahora, me va a tocar retocarme después de la cena. —Sí, pobrecita —le dice su esposo y le da un beso en la mejilla—. Voy a cenar aquí solo. —Sí, pobre de ti, que crees que eres dueño universal de Claudia. —La vimos primero —le decimos al unísono. Claudia aprovecha la discusión para retocarse los labios y su esposo ríe. —Pásenlo bien, chicas. —Bye. No sé en qué momento nos volvimos esas personas que no se ven todos los días, durante mínimo doce horas como en el colegio y que las preocupaciones se vuelven reales, como el drama que se tienen Linnie y Rodrigo. O sea, sí, se quisieron mucho, se conocieron de adolescentes, han vivido una historia de amor preciosa, pero yo creo que el amor se agota, que ya... terminó porque no son dos niñatos, son dos adultos con intereses muy diferentes. Por lo menos mi hermana ya no quiere ir de fiesta en fiesta detrás de él o persiguiéndole entre sus carreras y eventos, ya quiere algo más familiar... tal vez, algo más estable. —Entonces, lo han dejado. —Sí, pero ha ido a comprar la casa de mis sueños y no deja de llamar y no deja de decir que piensa darme todo lo que quiero. —¿No has pensado que tal vez no le quieras a él? —le pregunto y Claudia y Linnie me ven como si hubiese dicho algo fatal. —A mí me gustan las mismas cosas desde que tengo siete años, helado de vainilla siempre, el mismo topping de Oreo, las flores amarillas, me gustan más los gatos que los perros, amo ir a caballo y adoro a Rod, solo... no me encanta el party animal que habita en él —responde. —Las relaciones son complejas... —Sí, pero si uno empieza a cambiar cosas, se pierde —respondo. —Quiero hablar de mí sin que me juzgue Rinnie. —Soy una zorra internacional. —La verdad es que sí, y la gente cree que soy yo —responde Linnie—. Ven, no vamos a juzgarte. —Tom quiere mudarse del país y es una oportunidad laboral impresionante y me encanta todo eso para él, de verdad que sí, pero yo ya di mi carrera, y estoy bien en mi casa, y estoy feliz de amarlo y acompañarlo a donde sea, pero no me quiero mudar, quiero saber que estamos a una hora máximo de distancia, que podemos seguir haciendo yoga, que la tipa del salón volvió a dejar al marido porque sí está teniendo sexo con la vecina y ella cree que la solución está en mudarse de vecindario. —¿Lo cachó con la vecina? —pregunto y ellas asienten. —Vieras la que se armó —me dice Linnie. —¿Es algo permanente o temporal? —Me lo ha insinuado y le he dejado hablando solo, porque siempre digo que sí y me siento manipulada. —¿A dónde quiere mudarse? —No me importa, no me quiero mudar —grita y nosotras le recordamos que está en un restaurante y ella se disculpa—. Me siento no sé, como que mudarse ya es demasiado, ¿qué será lo siguiente, le crío los hijos con su ex? —¿Tom tiene otros hijos? —Gracias a Dios no. —Vale... entonces... no te mudes, pero, háblalo normal —le digo. —Gracias por escucharme. —Es que mudarse sí es demasiado. —¿Cómo están haciendo tú y Santiago?—pregunta Claudia. —Él viene, y yo... comparto con él. —Te lo coges, ponle el nombre que quieras. —¿Qué le vas a regalar? —No sé... —¿Están peleados? —No... Esa noche cuando regresé a casa recibí un mensaje. Laura Hola, soy Laura, la mamá de Santiago. Estamos planeándole una semana de cumpleaños, sé que son demasiados días, pero creo que este año en especial se lo merece. Regina Hola, creo que podría unirme a cenar en su cumpleaños, pero no sé si sea lo que Santiago quiere, no quiero presionarle. Laura Le encantará la idea. La cena será en su casa el miércoles por la noche que es el día de su cumpleaños y el jueves nos vamos todos a celebrar su cumpleaños a la playa, nosotros corremos con los gastos, tú solo vienes y ya. Regina Vale... le preguntaré por su cumpleaños y si me dice algo voy al viaje. Laura responde con una carita feliz y yo le escribo un mensaje a Santiago. Regina Me dicen que estarás pronto de cumpleaños. Santiago Me dicen que le has robado la mujer a mi primo. Regina Sí. Santiago ¿Vas a venir? Regina Si tú quieres que vaya, no quiero imponerme. Regina ¿Quieres que vaya? Santiago Sí, estará muy bien, mis hermanos han hablado de sorpresas y fiestas, todo muy grande y en plural.
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