El compromiso vino con mucha fiesta, mucho amor, mucho de todo un poco… y muchas responsabilidades. Yo quería una boda en un mes, como para que mi papá no se sintiera estafado por su nuevo yerno, que me entregue y con un vestido bonito. Claudia estaba obsesionada con el vestido, y Greta, de repente, sentía que necesitábamos una lista de personas de mi pasado. Y mi suegra quiere como cinco bodas solo para asegurarse de que estamos viviendo “la experiencia”.
—No te lo había contado, pero mi familia es loca.
—Me doy cuenta… pero mi mamá quiere dos bodas.
—Creo que entiendo esa necesidad de casarnos solos, en paz.
—Lo comprendes.
—Sí, pero no he conseguido una wedding planner, ¡es lo más mona! Ada Pieth. Tú eliges a tus chicos, yo llevo a mis chicas, invitamos a la familia, unos cuantos amigos cercanos. Vi este lugar, que es la hacienda de los Luthor y creo que, si ponemos buen dinero y somos muy insistentes, quizá Ada logre que nos la den. Habrá vino a granel y naturaleza, y tienen una casita en el bosque preciosa, perfecto para sexo salvaje de recién casados.
—¡Wow! —interrumpe Hank—. Wow, las cosas que tengo que vivir yo en esta familia.
—Se toca antes de entrar.
—Me encantaría que mi primer bisnieto se llame similar a mí.
—Lo consideraremos, pero los bebés no se hacen tan fácil.
—¿Quieres ser mamá?
—Sí, tendremos una niñera —respondo, y Hank se ríe.
—Yo voy a tomarme una licencia de seis meses —responde Santiago.
—Si los tienen en menos de un año, yo me hago cargo del primer año de la empresa. Ya a los 83 no quiero seguir trabajando.
—Uff…
—Los otros dos años los voy a invertir jugando con los bebés.
—Ahh, abuelo, no vas a morirte así no más.
—Sí, qué pesado. Ahora me abstengo del bebé y del sexo —Hank se ríe y nos entrega nuestro regalo de compromiso. Santiago toma la carpeta y me la pasa mientras ve a su abuelo asombrado.
—Elijan una casa de vacaciones. Todas las buenas familias, las que han trabajado hasta sangrarse los dedos y se han insultado por la silla familiar, tienen una. Como ustedes son raros, mejor me aseguro.
—A mí siempre puedes regalarme diamantes para heredarle a nuestros nietos o hijos hipotéticos.
—Manipuladora —responde y me da un beso en la frente. Luego le da un beso a su nieto y un abrazo fuerte.
—Te amo muchísimo y estoy orgulloso del hombre que eres.
—Te amo —responde Santiago y le da un beso a mi hijo.
Santiago y yo recibimos un bombardeo por parte de mi suegra, que “es solo una cenita”, que hay que ir y celebrar ese compromiso por todo lo alto. Entonces, al final, no sé cuál de las dos es: si una cenita o un bombardeo, pero amo demasiado a la mujer como para decepcionarla diciéndole que no. Su hijo tampoco tiene el corazón, y los dos estamos felices con la noticia, así que ¿por qué no?
Santiago y yo vamos en la parte trasera de la Euro, y él pone la luz de su teléfono para ayudarme a terminar de maquillarme.
—Entonces, ¿sí quieres tener un bebé?
—Sí, mi amor.
—¿Qué tal si dejas las pastillas?
—¿Qué tal si jugamos tiro al blanco? Yo dejo las pastillas que me toca iniciar la próxima semana. Si lo logras en los primeros tres meses, tenemos un bebé. Si no, esperamos un año, tranquilos, y lo volvemos a intentar con todas nuestras fuerzas durante un año.
—Vale, no te tomes la de hoy —responde y me besa en los pómulos, según él porque ahí no llevo maquillaje, y para que me adapte a mi nueva vida. Cuando llegamos al restaurante que nos invitó mi suegra, me queda claro que no es sencillo, y su hijo me dice:
—¿Recuerdas lo de "familia loca"...?
—Sí.
—Esta mujer fue de blanco a mi primera comunión.
—Amo a esta mujer.
—No sé si podamos darle bebés a esta mujer.
—Un loco a la vez.
Entramos al edificio y fingimos sorpresa. Mis hermanas se ríen con mi cara de asombro y mi suegra da saltitos antes de preguntar si nos sorprendió.
—No nos imaginábamos que cerraras un local —le digo, y le doy un abrazo y un beso. Ella va directo a ver el anillo.
—Uhh, te crié bien.
—¿Como te lo pidió? —pregunta Galilea. Y los dos negamos con la cabeza.
—Cuenten la historia —dice Nick emocionado, y Clarugia se abre un espacio para verme el anillo y analizar mis uñas.
—Aww, qué romántico.
—Demasiado romántico, ¿como se lo pediste?
—No sé —responde Santiago.
—¿Cómo que no sabes? —pregunta su padre preocupado, y le da un beso y un abrazo.
—No sé. Le preparé todo y luego Regina no dejaba de hablar, y no sé si se lo pedí.
—Me lo pediste y luego no me diste el anillo, y creo que los dos casi infartamos.
—Sí, de eso me acuerdo.
—¿Grabaste o algo? —pregunta su madre.
—Sí, mamá, pero esto era una comidita sencilla.
—Ahh, qué anillo —dice Greta, y le da un beso a Santiago y otro a mí.
El toast... lo dio mi hermana mayor.
—Desde el segundo que Santiago irrumpió de manera agresiva y desorganizada en mi casa para sacar a mi hermana de su cama, sentí que era la persona que más la amaría en el mundo. Y sentí un poco de celos, porque Regina siempre ha sido amada de manera abrumadora por mí, por su otra hermana —Linnie rueda los ojos—, mis papás… creo que no fallo al decir que mi mamá se inventaba escapadas solo con Regina, y mi papá pasaba horas intentando entender la cabeza de su hija menos favorita, Regina —todos ríen—. Pero Santiago… para Santiago no existe un mundo si no es alrededor de ti. Esos son los que hacen daño cuando se van, por eso… mátenlo primero —bromea, y todos reímos—. Santiago, considérate afortunado y disfrútalo. Disfruta ser el único hombre al que mi hermana quiere ver sonreír, quiere tomarle de la mano y, a veces, quiere fastidiar un poco. Siéntanse afortunados, porque son bien raros, pero el amor les ha puesto a la persona correcta en frente y han peleado muchísimo los últimos meses por mantenerse juntos, cerca, enamorados, felices. Yo, como su hermana mayor, quiero decirles que estamos extremadamente felices por ustedes. Los amamos mucho y esperamos seguir siendo testigos de cada uno de sus momentos de felicidad. —Greta eleva la copa y Linnie interrumpe.
—Rinnie es mía. Te doy un porcentaje, Santiago. Si la cagas, te mato. Me encantaría empezar con tus huevos en agua caliente. Tú puedes quedarte con Regina el tiempo que ella guste… en fin, lo que sea. Mi hermana gemela es mía y yo mando. ¡Salud! —todos reímos.
—¡Salud! —coreamos todos juntos.
Justo antes de tomar nuestros asientos y que traten de indagar si estábamos borrachos, drogados o algo, para no recordar qué preguntó y a qué le dije que sí.
—A ver, fue romántico, elocuente, y no hablamos de donación de órganos ni desconexión de máquina de asistencia. Solo… dijo lo correcto, dije que sí, nos besamos, tuvimos sexo después. No estoy embarazada, pero nos casaremos en un mes, en una boda íntima y elegante en el viñedo de los Luthor.
—¿Te dieron el viñedo?
—Somos gente rica. Esperaría que ustedes dos sobornen al hombre que sea para que yo tenga lo que quiero.
—Señores y señora, con ustedes, la hermana que es de Linnie —recalca Greta—, solo de ella… y de su futuro nuevo esposo: Santiago.
—Por la familia —dice mi padre.
—Por mi futura y acequible esposa.
—Salud—respondo y le doy eun beso a santiago antes de beber el resto del contenido de mi copa.