La vida corriente

1214 Words
Alba necesita una tía, y a mí me encanta ser esa persona. Aunque ella esté enamoradísima de Consuelo, creo que soy su segunda tía favorita. Vamos de camino del cole a su casa cuando me pregunta si tengo planes. La veo por el retrovisor, y ella sonríe y se ve espectacularmente dulce. Quiero decirle que sí a todo lo que se le ha ocurrido. Puede que Gretta y Ramón estén ligeramente enojados cuando llegamos a casa, pero lo bueno de tener sobrinas es que saben fingir inocencia. —Mi tía y yo fuimos por los materiales de la tarea. —Alba, puedo ver tus uñas desde aquí. —Me pasaron una lima y me removieron la cutícula. —Yo les guiño un ojo y Ramón suspira largo y pesado. —¿Dónde está Ariel? —pregunta. Da un salto emocionada, deja las cosas en la primera mesa que ve y va corriendo al moisés. Su madre le informa que Ariel está con su abuela acostados, y que ella tiene que lavarse las manos y comerse la merienda. —Nos comimos algo espectacular, AMYE. —¿Tod a la carne que puedas comer? —pregunta mi hermana.—¿estás loca? —Con adicional de verdura y sin picante porque no me gusta, pero pedí espinacas y solo me comí la mitad. Le pusimos algo espectacular que se llama mostaza miel. ¿Lo has probado mamá? —Mira tú, qué interesante —dice su mamá mientras la llena de besos. —¿Y qué más hicimos? —Compramos unas cookies para el bebé. —responde Alba.—¿A qué edad va a poder comer mi hermano? —Como al año. —Puff... primero que nazca y ahora todo lo que le falta. Qué incompleto, ¿no? —Sí, las cosas que callamos las hermanas —respondo, y le doy una galleta a Gretta y otra a Ramón. Les preparo un capuchino y luego me siento en medio. —¿Vas a ir a mi prueba de vestido mañana? —le pregunto, y ella asiente. —¿Quiénes van? ¿Por qué compraste esto tan deli? Necesito perder peso, no engordar. —Sé feliz, necesitas solo comer. —¿Cómo van los intentos por ser papás o ya decidieron? —Hicimos una lista de cosas pre-boda, pre-bebés y este fin de semana nos iremos de concierto con Juli. —¿Juli no es mamá? —Las mamás salen y sus hijos se quedarán con sus abuelas. Todo bien. —¿Es igual de loca que cuando estaban jóvenes? —Una raya menos, pero cae bien. Y Claudia cree que ya se les pasó el drama por Gabriel. —Es muy guapo. Él no sabe que yo sé, y a veces está con Consuelo comportándose normal. —Él sabe que sabes. Eres mi hermana. —¿Qué le voy a decir? ¿"Hiciste un trío con las amigas de mi hermana y te dejaste solo a una"? —No —respondemos Ramón y yo al unísono. Mi hermana se ríe mientras le da un mordisco a la galleta de su marido. Este le da un beso en la frente y Alba regresa con sus cosas para hacer la tarea. Estoy obsesionada con ella, pero necesito finiquitar detalles de mi boda, y tendré el fin de semana muy ocupado, así que me despido de los tres no sin antes ver un momentito a Ariel. Es guapísimo, demasiado dulce. Cuando llego a casa, mi marido está en medio de un juego de póker con sus amigos. Se han unido a ellos los hermanos de Sergio y su cuñado. Los saludo a todos antes de tomar mis cosas e irme a la oficina. Me pongo a trabajar hasta tarde, y finalmente puedo prepararme para ir a probarme vestidos toda la mañana con mis hermanas, mi mejor amiga, mi suegra y mi madrastra. No planeaba invitar a la última, pero me sentí mal cuando vi su cara, entonces al final vino. Estoy viendo los trajes de damas de honor de Claudia y Linnie porque Gretta está segura de que no quiere salir en nada recién parida y “con leche en las tetas” —sus palabras—, y Santiago no tiene más amigos que quieran acompañarle, entonces nos dan bien las cuentas. Cuando veo a Claudia seria mirándose al espejo, la quimio la ha drenado muchísimo. No se ve como siempre, pero está viva. El pelo corto como lo lleva se le ve genial. Para mí está espectacular. —¿Por qué no nos vamos de despedida de solteras a la feria a la que vamos Santiago y yo? Nos animamos, las tres, pasamos tiempo como antes. —No me siento bien para tumultos, pero de verdad, vayan y disfruten. María Julia es la persona ideal para sustituirme. —Sí, pero yo te quiero a ti. Quiero que hagamos algo —insisto. —Prepararé algo relajante justo antes de la boda —responde mientras se acaricia el vestido… el cuerpo en realidad. Linnie le da una caricia en la espalda y le recuerda que tiene una vida espectacular, grandiosa, un matrimonio estable. —¿Soy egoísta por no querer adoptar? —pregunta. —¿Eso es lo que te preocupa? —El cáncer es una mierda, pero nuestra casa… necesita alegría, felicidad, y nuestro matrimonio requiere con urgencia sentirse como una casa familiar y no como si él fuera mi médico y yo una paciente. —¿No es mejor ir a pasear, a vivir la vida? —responde Linnie—. Algunos pacientes sobrevivientes se mudan de casa, o de país. —No me quiero ir. —Chicas, hola, las estamos esperando —comenta mi suegra, y yo salgo un momento porque entiendo la amargura de mi amiga, pero entiendo la felicidad de Tom. Está viva, él la tiene en su vida, y un bebé es lo de menos si ellos siguen enamorados y vivos. Los vestidos están preciosos, y yo les muestro mi vestido de cambio, pero no el de matrimonio, porque quiero de verdad sorprenderlas. Santiago pasa a recogerme y pregunta todo sobre el vestido, para poder identificarme. Los dos nos reímos. Es que es una locura, y él me da un beso en los nudillos antes de salir conmigo de la ciudad. Le recuerdo que tenemos un compromiso con amigos, pero Santiago está muy metido en lo suyo, y prefiere disfrutar de una cita romántica en una montaña. Comemos quesos, tomamos vino y conversamos en un globo aerostático mientras perseguimos el atardecer. Veo a Santiago y le juro que es la mejor forma de pasar la tarde juntos. —Sé lo estresante que ha sido el trabajo, planear esta boda, pero quería tener un momento contigo y que recordaras por qué quieres pasar la vida entera conmigo. —¿Por qué es? —Porque te amo y porque sé sacar tiempo en medio de cualquier momento estresante para pasarlo contigo. —Te amo, y quiero pasar toda mi vida contigo, hasta que seamos viejos y se nos pierdan las botellas de vino y terminemos abriendo dos. —Santiago se ríe y me da un abrazo. Yo lo lleno de besos, y le aseguro que no quiero estar nunca con nadie que no sea él.
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