Gala de verdad no estaba de acuerdo con esa relación, ella había desglosado el chisme completo desde que empezaron los rumores de que alguien estaba saliendo con George, hasta nuestra primera escapada romántica a un lugar en el que no había un banco para justificar nuestra salida. Creo que ha visto todas mis fotos, sabe todo de mis hermanas y la numerología de nuestras fechas de nacimiento.
Laura trata de apaciguar a su hija y a su hijo mayor.
—Nena, Regina es una mujer muy inteligente, hay que darle una oportunidad —propone su madre.
—Es la amante de alguien más y la novia de mi hermano, si no vas a cuidarlo, tengo que cuidar de él, es mi hermano.
—Gracias por el apoyo, pero no conoces a Regina, y su pasado no es la base de su personalidad.
—Enójate como cuando estabas contándomelo —la invita Tom, quien ha sido oyente de la teoría conspiranoica de su hermana, es que la ha escuchado todo el tiempo y consideraba que estaba loca, de remate, pero si su mamá y Santiago se daban cuenta era más probable que le consiguieran ayuda.
—No me están entendiendo, mamá, tu hijo está con una zorra completa, se metió con un hombre casado que tiene un hijo.
—Yo fui esa mujer. —Responde su madre y sus hijos le ven sorprendidos. —Yo fui... la amante de un hombre casado que tenía un hijo, y le creí mil veces y una más, que iba a dejarla porque en mi cabeza me quería mucho más a mí, y teníamos una relación perfecta. Y después estaba embarazada de su hijo, del que estaba perdidamente ilusionada y mis papás me echaron a la calle, me regañaron como es obvio y yo me fui con él a vivir. Y adivina qué, iba dos veces por semana a casa, a veces cuando le decía a su esposa que estaba de viaje se quedaba la semana, pero con esa vibra de estar escondido y en problemas. Entonces nació Santiago, y entendí que tenía que alejarle de mi hijo y yo pasé unos cinco años en un ciclo vicioso, que no te interesa... en realidad, porque todas las historias tienen varias versiones, Gali. Para tu tía y tu abuela yo no era suficiente para tu papá, y tenía un hijo lo cual les horrorizaba, así que creo, que no sé la verdadera historia de Regina. Yo conocía a una chica encantadora y me quedo con eso. Me equivoqué por mucho tiempo, pero crecí y soy consciente de lo importante que es Alexis para mi vida, de los cuatro hijos preciosos que compartimos y de lo afortunada que soy porque alguien como él me eligiera para compartir mi vida —responde más para Santiago que para sus hijos pequeños, todos se quedan en silencio meditando lo que acaban de escuchar, Galilea no sabe si disculparse o quedarse callada. Tom deja las palomitas y se acerca a su mamá, le da un beso en la mejilla y le acaricia el pelo.
—¿Entonces... película? —pregunta Tom. —¿Te quedas, Santi? —le invita y su hermana sonríe.
—No puedo quedarme, solo venía porque tenía mensajes de tu hermana, la loquita.
—Siempre les digo que necesita ayuda.
—Dejen de molestar a Gali —pide su mamá, y ella les tira un puño de palomitas a los tres.
—Galilea.
—Ya lo limpio, ya lo limpio.
Santiago tomó un vuelo a Nueva York. Al día siguiente, cuando estaba yendo a mi ruta de trabajo, lo vi, con un vaso de café. Le miro divertida y él sonríe, antes de darme un beso en la mejilla y rodearme la cintura con el brazo, me acerca a su cuerpo, yo me arrimo un poco, y no pregunto qué hace ahí, solo camino tranquila a su lado ahsta mi oficina, mi jefe nos saluda, da una mirada a Santiago, y luego viene a evaluar de primera mano al tipo con el que salgo.
—Está guapo—murmura mientras me saluda.
—Lo sé.
Se aleja de nosotros y yo invito a Santiago al interior de mi oficina, él observa en silencio y toma asiento en el sofá.
—¿Qué haces aquí?
—Pensé que no ibas a preguntar nunca —comentó y dio un sorbo a su bebida—. Dijiste que querías hablar de frente y he venido a hablar contigo. Quiero escucharte, quiero saber qué opinas.
—Estás validándome, como a alguno de tus empleados.
—Sí, y como hacía mi mamá conmigo.
—Tengo que trabajar y sé que has tomado un vuelo hasta aquí, y que es largo, pero tengo reuniones que no puedo cancelar.
—Vale, nos vemos más tarde —responde y se pone en pie, me da un beso en la mejilla, y se larga, sin decir nada. Pasa todo el día quemándome las neuronas con silencio absoluto y pienso en buscarle en su hotel, pero ni siquiera sé dónde podría estar hospedado y finalmente voy a casa, pensando en si debería o no escribirle o esperar a que él tenga la iniciativa.
Entro a mi casa, y veo velas, el aroma de la comida fresca es espectacular, hay unas cuantas rosas, sin llegar a ser demasiadas y Santiago está en la cocina intentando que todo esté cocido a la perfección.
Vale, que sí, tiene su chiste, es guapo, cocina bien y... va por lo que quiere.
Se voltea y me sonríe, y siento que se me aflojan un poco las piernas, solo un poco. Él viene y me saluda con un beso sobre los labios, como esas parejas de años. Voy a cambiarme la ropa, me refresco el maquillaje, cambio mi ropa interior por una más adecuada, me pongo un vestido con algo de escote, pero sencillo como para ir por casa. Santiago está bailando en la cocina mientras saca las papas del horno y mete la carne en su lugar.
—¿Vino, vodka o agua?
—Una infusión, pero yo me encargo —Santiago trata de no mostrarse sorprendido.
—¿Cómo estuvo el trabajo?
—Bien, le gustaste sexualmente a mi jefe, pero le disgusta pensar que planeas reclamarme.
—Es inteligente, ha sacado eso de un café.
—Sí.
Santiago me da los papeles, trazados por su abogado, y me asegura que son para que los lea después porque le importa mucho más mantener su palabra y hacer lo correcto. Me habla con tanta sinceridad, que me siento mareada, es la primera vez que un hombre habla y siento que no está intentando chantajearme emocionalmente o sacar sexo de mí.
Tomo una servilleta y busco un lapicero y escribo:
1.Honestidad y respeto.
2. Matrimonio, mínimo 5 años si no hemos tenido hijos.
—Vale... yo quiero tres hijos si decidimos tenerlos juntos.
—Dos —respondo.
—No voy a negociar esto, Henry, Joy, Paul, a comer —grita, en modo simulacro.
—Dos, punto tal vez otro.
—Vale... pero tienes que planteártelo —me advierte.
3.Nada de escándalos, ante el ojo público y nuestras familias somos felices y plenos. La pareja perfecta.
4. Apoyarnos y acompañarnos incondicionalmente
—Santiago sí... pero si planeas no sé unirte al narcotráfico no cuentes conmigo.
—Gracias, mándame solo a la cárcel.
—Son cárceles por género ¿Sabías?
—Lo sé, lo sé... casi todo, pero incondicional.
—Incondicional es toto todo.
—Vale
4. Apoyarnos y acompañarnos incondicionalmente (en cosas no criminales).
—Que sepas que yo te ayudaría a esconder el cadaver de tu mayor enemigo.
—Solo porque crees que se trata de George.
—Sí, la verdad sí.
5. No decirle a nadie.
—Me daría vergüenza, que la gente sepa esto, sentiría como que fracasé —reconoce Santiago.
—¿Algo más?
—Ya se nos ocurrirá algo.
—Firma —le exijo y procedo a hacer lo propio en cuanto es mi turno. Santiago me da un beso y celebra.
—Estamos casados.
—Lo estaremos mañana, tengo una cena de negocios, con gente importante y mi jefe ha insistido en que te lleve.
—Lo que sea por mi mujer —responde y me río—. Entonces cenamos o ya puedo arrancarte la ropa.
—La verdad... me apetece algo más que cenar —dice y apaga todo el fuego, me carga a la habitación y me hace lanzada en la cama, reparte besos sobre mi cuerpo mientras reconoce que pensaba que sería una cena mucho más complicada. Jalo su camisa y se la hago prácticamente arrancada, antes de cambiar mi lugar con el suyo, le beso y me aseguro de desnudarle. Santiago se ríe y me acaricia, le miro divertida.
Santiago y yo cenamos en la cama, y le dejo quedarse a dormir, porque de por sí, somos "esposos" y no le voy a abandonar en la calle. Pero bueno, él decide que va a trabajar desde mi casa, y yo voy a mi trabajo todo el día, donde me aseguran que el evento de la noche es una cosa de aquellas. Me aseguro de informarme a qué voy al llamar a mi hermana y a mi mejor amiga. Las dos parlotean sobre la fiesta y que si va la casi realeza neoyorquina, y si deja de ir este y el otro. La cosa es que me preocupo un poco por lo que voy a ponerme, y le escribo a Santiago.
Regina
Oye, si compro un vestido en línea, ¿irías a recogerlo y traerlo a ver si me queda bien y llevarlo de nuevo a la tienda si no?
Santiago
Ahora sí tienes razón con eso de la incondicionalidad... porque siento que después de la luna de miel que tuvimos, con esa chupada por sequía que me diste esta mañana, no siento como que te puedo decir que no, demasiado compromiso.
Regina
Y si pasas por mis zapatos puede que te ofrezca el culito.
Santiago
Eres una guarra, pero voy a hacerte los mandados a cambio de favores sexuales.
Regina
Tienes un vergón.
Santiago
Voy a tatuarme este mensaje en el pecho, me lo escribes a mano.
Regina
Santiago... estoy trabajando.