Santiago había regresado a Mainvillage, sin tener memoria alguna de que George existía. De verdad, si no se lo recuerda nadie, no se entera ni de que son familia. Ese mismo lunes, su abuelo y su padre estaban esperando su llegada. Santiago se acercó a su abuelo y le besó en la mejilla, le dio un abrazo y con dificultad saludó a su padre.
—Buenos días.
—Buen día, Santiago. ¿Cómo amaneciste? —El joven vio a George de pies a cabeza y sonrió hacia su abuelo.
—Abuelo, ¿nos comemos algo? ¿Se te antoja?
—Será con la mujer de la que me ha hablado tu madre.
—Uh, mamá está hablándote muchísimo.
—¿Estás saliendo con alguien? —preguntó su padre.
—Sí.
—Está saliendo con mi ex. —Intervino George y los cuatro compartieron una mirada.
—Te manda a decir que folla mejor.
—¿Has convocado una reunión porque te han bajado la novia? —preguntó su abuelo.
—Quiero aclarar qué putas tiene este aparecido en mente.
Santiago lo vio divertido y tomó una llamada.
—Buenos días, cielo.
—Uf, amanecimos melosos, pero mi abogado está mega puteado. ¿Qué significa eso de que mis hijos varones valen más? ¡Cabrón, eso lo pones tú y no sé cómo planeas tener un bebé así de la nada!
—¿Por qué no lo hablamos cara a cara?
—¿Estás en Nueva York?
—No, pero tú podrías estar aquí. Un prenupcial no se debería discutir por teléfono.
—Entonces ten huevos y ven a decirme a la cara que tus hijas son insignificantes para ti.
—Un beso —respondió divertido.
Su abuelo lo vio sonreír a lo lejos y esperó a que se acercara al grupo.
—Santiago...
—Estoy saliendo con Regina hace más de seis meses.
—Hace seis meses estábamos juntos.
—No eres el único que puede ser infiel —comentó Santiago—. En fin, tú no eres el centro de mi vida, y les guste o no es lo que he elegido. No voy a parar hasta convencerla de casarse conmigo.
—Cuando dije que te casaras no se me vino en mente que tuvieras toda esta red de locura.
—Vale, no me empujes a hacer cosas locas. Es la mujer de mi vida y tenemos muchísimas cosas en común, entre ellas los negocios.
—¿Por eso necesita estar en el otro lado del mundo?
—¿Tú no sientes que tú y tu papá tienen algo que ver en todo eso? —preguntó Santiago y les dio una mirada a ambos—. Mi vida personal es mi vida personal. Ahora, algunos tenemos trabajo que hacer. —Santiago le dio un beso en la frente a su abuelo—. Nos hablamos para cenar.
Santiago sabía cómo ejercer presión, y con eso de los seis meses, el enamoramiento y la impulsividad crónica, decidió empujar un poco más a su favor, así que fue a almorzar con su amigo, treinta años mayor (mi padre) y le dejó muy claras sus intenciones.
—Entonces, ¿de qué quieres hablar, hijo?
—Quiero hablar de Regina.
—Mi hija, Rinnie.
—Sí, Regina, alta, guapa e inteligente, casi siempre de mal humor y muy directa.
—Sí... sí.
—Llevamos un tiempo saliendo, ella... está planteándose tomárselo un poco más en serio y yo quiero que así sea. Quiero que se case conmigo.
—Santiago, si algo he aprendido de ser papá de mis tres hijas es que no tengo autoridad absoluta. Mi opinión no les importa. Si la llamo y le digo que tuvimos esta conversación y que puede que tu vida esté en riesgo, puede que termine y que tu vida esté en riesgo. Pero, gracias... por informarme.
—Con gusto.
—El otro simplemente se casó con mi hija y creo que Greta me envió un correo, entonces puede que de los dos, si tuviera que donarles un órgano, te elegiría.
—Yo siento lo mismo —respondió Santiago—. Que deberías donármelo a mí. —Los dos se rieron y él le dio una palmada en el hombro.
—Espero que diga que sí.
—Yo también.
En el mundo de Santiago no existen las casualidades. Él había elegido ir a almorzar con mi padre al restaurante favorito en la ciudad de su padre, quien le vio tan solo entrar y no le hizo falta demasiado para entender de qué iba esa conversación. Además, George iba acompañado de su hijo y de su padre.
—¿Ese no es el hombre que te demandó?
—Sí.
—¿Ese no es tu nieto favorito?
—Sí, sí —respondió divertido William y siguió a su hijo y a su nieto hacia la mesa que reservaron para poder discutir tranquilos. William sabía perfectamente de qué se trataba y nada de lo que dijeran podía hacerle cambiar de opinión. Solo agradeció que hubiera alcohol sobre la mesa cuando su nieto inició su berrinche.
—Quería conversar sobre el rol de Santiago en la empresa.
—Santiago es mi nieto también y deseo que aprenda del negocio. No sé qué hay que conversar.
—Papá, la empresa nunca se ha dividido, no entre tú y tu hermano, no entre mi hermano y yo, y no debería serlo entre ellos.
—Ya, hijo, pero las cosas cambian. George ha demostrado que el negocio y la vida le quedan demasiado grandes. Si no fuera por Regina creo que no tendríamos banco y luego va y se la folla y cuando su mujercita se corta las venas con la galleta más barata que encontró en la cocina... el niño bota a la mina de oro, hazme el favor.
—Santiago no tiene experiencia ni capacidad para manejar este negocio.
—Y por eso está capacitándose. Es una persona competente, trabajadora e inteligente. Le estoy dando una oportunidad y no ha parado de demostrar que se lo merece, como no planeo discutirlo con ninguno de ustedes dos, les informo, que recibirán beneficios, pero la compañía se quedará en sus manos, les guste o no. —Respondió—. Tengo cosas mejores que hacer —respondió y se puso en pie.
Laura recibió una llamada esa noche, una de su esposo avisando que llegaría un poco más tarde de lo usual.
—Lo siento, cariño.
—Lo sé, mi amor, nos veremos luego.
—Quieres que lleve un vino o algo para más tarde.
—No hay quesos ni semillas de las que te gustan, alguien se las comió—respondió sarcástica mientras veía de forma acusatoria a sus hijos. —Te amo, y te espero siempre.
—Te adoro. —Respondió y le mandó un beso y a los niños.
—Mamá, qué tal si aprovechamos que no está mi papá y vemos una película?
—Me suena a un plan.
—No tengo nada que hacer... —responde.
—Vamos a ver algo romántico —responde Gala.
—Vale, que sea una de esas en las que hay dos hombres y la chica tiene que elegir a uno.
—Y que esté guapa —añade Tom.
—Preparemos las cosas.
—Sí, palomitas sin quemar —pide su madre y sus hijos ríen.
Su celular suena y ella toma la llamada.
—Te ves hermosa en el plan de mamá.
—Número equivocado.
—Si cuelgas voy y toco la puerta, y esperamos juntos a tu marido. No se le ve por la ventana.
—Voy a colgar y no vas a hacer eso, porque no soy una niña, y si continúas intentando acosarme, voy a destruirte, George. Te juro que voy con la prensa y le arruino el cuento de hadas a tu esposa, a tu hijo y me cago en todo lo que te pertenece.
—¿Y qué va a pensar Santiago de todo esto?
—Mi hijo va a ser el primero en apoyarme.
Santiago había decidido ir a casa de su madre porque Gala tenía un chisme que contarle, y le había mandado tantos mensajes que comenzaba a temer que su hermana pudiera estar enamorada y pretendiera que él guardara el secreto porque eso sería una abominación. No reconoció el auto que estaba parqueado frente a su casa, pero definitivamente sí al dueño. Se acercó y le tocó el vidrio de la ventana hasta que bajó.
—Entiendo perfectamente cuál ha sido el tono de tu relación con mi madre, pero, te advierto, que esta es la casa de mi familia, la familia que no vas a destruir y si estás aquí para amenazar a cualquier m*****o de mi familia, voy a destruir cada célula de tu cuerpo. ¡Pírate! —le exige y se da media vuelta para caminar hacia su casa.
—Santiago, juguemos —le saluda Domenica antes de lanzársele encima.
—Me alegra que vinieras. Tenemos una conversación íntima pendiente —responde y le abraza.
—Ey —le saluda Tom y estrecha un puño hacia su hermano mayor. Santiago le da un beso en la mejilla, y entonces... tú y yo y las palomitas, mamá.
—Mamá.
—Santiago, podemos hablar.
—¿Dónde está Alexis?
—Hoy mi papá llega tarde —responde Domenica.
Santiago ve a su madre con cierta decepción y ella de inmediato intenta explicarle:
—Santiago...
—¿Quién es George? —interrumpe Gala y los dos ponen su mirada en ella—. ¿Es como... tu primo? ¿y Regina? Dime que esa no es tu novia, porque según T i k T o k es una buscona, rompehorgares, hipersexual... y no me gustan estas fotos en las que sugieren que ustedes dos están juntos. ¿Y el salvaje ese te pegó? ¿Te pegó por ella o porque le caes mal? ¿Estás saliendo con la amante de tu primo?
—Danos explicaciones —pide Tom y se mete un puñado de palomitas a la boca.