¿Quiénes somos?

1430 Words
Laura me suelta, pero me pone detrás suyo y mira a su exsuegro ceñuda, bastante seria, tanto que hasta yo siento miedo. Todos nos quedamos en silencio. Mis hermanas observan, y sé que a Gretta le pica por hacer un comentario mordaz, pero hasta ella se da cuenta de que este no es el momento. Domeni eleva una ceja como quien sabe que están a punto de regañar a su abuelo, y este se para igual de firme e imponente que siempre. Se gana esos centímetros que los años le han intentado robar y la mira a los ojos. —Laura, Regina —nos llama y hace una seña para que caminemos hacia la oficina. —Sé lo que me vas a proponer y no sé qué clase de juego están jugando tu familia y tú, pero no estoy interesada. Yo no soy una adolescente, soy una mujer casada, con hijos. Lo que sea que pasó con George está en el pasado y no quiero nada que ver con tu negocio o tu familia. —Laura, estoy mayor, ya no estoy para preocuparme y cansarme con gente. Nada te cuesta ayudarme, apoyar a tu hijo. —Santiago tiene mi total apoyo para hacer lo que se le da la gana sin que yo tenga que involucrarme con tu negocio. —Qué testaruda eres, te estoy pidiendo un favor. —Ya, y yo te estoy diciendo que no quiero. No quiero pelear, no peleé ni cuando podía, no quiero ahora. —Tratemos de no discutir, abuelo —interviene Santiago—. Vamos a cenar. Hanks parece resentido, como si le hubiesen dado un golpecillo en el pecho, pero no dice nada. Yo tomo asiento junto a mis hermanas y las dos me preguntan lo más discretamente posible. Les explico que me ha estado buscando para que dirija sus bancos, pero no sé si es lo que quiero. —Siempre has querido eso. —Sí, pero ahora sé que puedo ser mi propio banco, que quiero poder irme a la playa un fin de semana sin tanta preocupación. Mi papá se acerca a mí y me ofrece una copa de vino. Luego toma asiento junto a nosotras y nos pregunta si recordamos cuando nos ofreció ser mantenidas y lo mandamos a tomar por culo con frases feministas. Santiago se ríe ante la idea de imaginarnos a nosotras en casa 24/7. —Yo soy una buena ama de casa y mamá —se defiende Gretta. —Eres ambas cosas, pero tienes empleada, Gretta, y la niña va a la guardería. —Es para que socialice con niños de su edad —se defiende, y mi papá se ríe. —A Santiago le encantaría tenerme de ama de casa. —Me gusta cuando estamos de vacaciones. No sé si sea sano para ti estar tanto tiempo desocupada, te pones viciosa, de mal humor. —¿Cómo que viciosa? —Las palomitas de maíz con extra mantequilla, hasta que conseguiste el aceite ese —le miro—. No era hambre, era obsesión —comenta, y su madre sonríe divertida. —Sabes, me encanta Santiago porque siento que te conoce. "Viciosa y malhumorada" suena realmente a ti —comenta Linnie. —Ay, qué lindo, cómo conectan —respondo sarcástica. Ramón, mi cuñado, regresa con el postre, más vino y los hermanos de Santiago. Galilea considera que elegir el postre es demasiado difícil cuando lo tengo que probar yo, y Santiago y mis hermanas no tardan en recalcar que soy exigente. La cena no tarda en estar, y pasamos un rato agradable. Yo escucho sobre el día a día de Alba, la hija de Ramón, que Gretta amorosamente ha decidido adoptar como suya, y es la cosa más adorable del mundo: una bebé preciosa de casi tres años, muy dulce e idéntica a su familia paterna. Galilea tiene una nueva rival, una que no es m*****o de su familia como lo fue su hermano unas semanas atrás. Es bastante serio el asunto: esta chica viene por su capitanía de voleibol, una de la cual Galilea no es dueña oficialmente, pero en su cabeza, su corazón y todo el esfuerzo que ha puesto para ser considerada como próxima capitana del equipo... en fin, que su hermano y su madre son bastante enfáticos en que no debe ponerle mano a ninguna niña. —No debes ponerle mano, pero es necesario a veces hacer declaración de tus intenciones —comenta Hank, y Laura eleva una ceja. —Sigue, abuelo, sigue, por favor. —Sí, déjale claro a tu entrenador que tu intención es alcanzar el puesto de capitana y que estás interesada en trabajar más duro. —Con grandes puestos adquieres mucha más responsabilidad, Galilea. Creo que jugar voleibol es bonito, pero qué fuerte ser el rematador, el bloqueador, o sea, cuando tienes un puesto oficial es duro, y el tuyo como líbero es complicado, ¿no? —Sí, pero puedo ser líbero y capitana. —¿No sientes injusto ser la única que tiene todo? —Tener todo es de ganadores, tener poco es de mediocres. —¿Quién te crió, nena? —pregunta su madre. —Estoy de acuerdo. Si tú sientes que puedes con todo, ve por ello, Galilea —le incita mi padre, y mi suegra niega con la cabeza. No es que no esté de acuerdo con el movimiento de mujeres ayudando mujeres, pero... necesita hacer que la mujer que está criando se vuelva un poco realista y humilde. Santiago y yo nos despedimos de la familia casi dos horas después. Santiago me da un beso y un abrazo antes de tomarme de la mano y subir. Está molidísimo, y yo también. Nos arreglamos para dormir, y él se acomoda primero en su espacio. Me acuesto a su lado y le pregunto: —¿No te molesta que no quiera pasarme la vida en casa? —Te conocí en un evento de trabajo, antes de eso me dijeron lo inteligente y trabajadora que eres... Es imposible robarte de tu naturaleza y esperar buenos resultados, sería incoherente pedirte ser alguien que no eres—responde con simpleza, y asiento. —Y que si es lo que quiero hacer ósea trabajar hasta morirme? —¿Tienes tiempo en la agenda para mí? ¿planeas vacacionar?—pregunta y asiento. —Vale, me voy contigo. —¿Cuáles eran tus planes con George? —No teníamos planes... —reconozco. —Me alegra. Podemos planear todo lo que queramos juntos y hacer lo que queramos —responde, y me río antes de llenarle la cara de besos. La semana se nos hace mucho más pesada. Creo que no veo a Santiago hasta que me invita a almorzar y se planta en mi oficina a esperarme. Salgo de ella y él sonríe, le brillan los ojos y puedo ver sus dientes blancos relucientes. Me acerco a darle un beso en los labios, él me da un par de besos de vuelta y me pregunta qué se me antoja. —¿La verdad, la verdad? —pregunto. —Sí. —Una hamburguesa. —Estoy saliendo con una adolescente —dice en modo de queja y me toma de la cintura, llevándome de vuelta al elevador. Le pregunto por su semana y él dice que normal. Los hombres y sus resúmenes de la vida… Yo parloteo sobre mi negocio y él se ríe. Me lleva a comer mi chiquillada y conversamos un poco más, hasta que sutilmente llegamos al punto del banco. —No tengo tiempo ahorita para el banco. Sé que estás ocupadísima con lo tuyo, pero me gustaría que te hagas cargo porque mi abuelo tiene mil años y no voy a darle el gusto a mi papá de renunciar. —¿Y por qué Hank estaba intentando meter a tu madre? —Piensa que es una excelente idea para alivianarte la carga. Asiento y él imita mi gesto. —¿Pueden mandarme una oferta decente libre de acoso? —Sí. ¿Qué más se te antoja? —Más papas. —Niñata —se burla y me río. —¿Qué estás haciendo en tu compañía? ¿Qué te tiene tan ocupado? —Mi amor, estamos muy despegados. Es un buen año y yo soy la parte más administrativa y social. ¿Ves a Gabbie camelándose algo que no sea su mujer? —Vale, lo que sea te apoyo. Solo detesto los baldes de agua fría, odio con la vida que me mientan o me utilicen. —Todos odiamos lo mismo —responde—. El trabajo es trabajo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD