La otra cara

1311 Words
Santiago Estaba sentado en mi oficina cuando vi a Gabbin, a Josh y a Sergio caminar hacia la puerta. Solo esos dos quiere decir que hay drama, pero cuando se une Sergio a la ecuación, hay problemas. Mis amigos entran y me pongo en pie para saludarles. Me río cuando Sergio me da un beso en la cabeza; lleva una vida siendo la persona más paternalista de la humanidad. —¿A qué se debe el placer? —Quiero saber cómo están, ¿cómo va todo? —pregunta Sergio. —Todo bien —respondemos mis amigos y yo al unísono. Sergio nos da una mirada y me entrega un USB para que proyecte unos cuantos documentos. Los proyecto y los tres leemos a quiénes han ido dando de baja. —Quedamos siete de doce, así que necesito que se protejan, si es necesario, esconderse un tiempo. —Es necesario atrapar a esta persona, porque todos tenemos familia, mujeres e hijos. Y no sé cómo vas a mandar a Isaac a estar quieto y encerrado. ¿Qué vas a hacer, iniciar un equipo de fútbol solitario en casa? ¿O Isadora menos ballet y más refugio? Yo, personalmente, voy a encontrarle y lo voy a matar… y seguir viviendo. —Mi mujer y mis hijos se van hoy mismo —comenta Gabbin. —Yo estoy con Santiago, esconderlos es lo mínimo. El problema es que después, cuando no esté… ¿qué? ¿Qué se resuelve? Somos un equipo de élite, y como equipo tenemos que trabajar para ponernos a salvo. Sergio se pasa la mano por la cara, muy frustrado, y dice: —Soy papá de dos niños, tengo una esposa y soy el presidente de un país… No puedo ir matando gente. No es como que no quiera que ustedes se unan para proteger mi seguridad y la de un país entero con todos los recursos a disposición, pero no puedo ser parte activa del proceso. —Quiero un salario y beneficios —respondo. —Santiago, te acaban de heredar un banco, ¿por qué eres tan platero? —Porque si nos morimos, le queda una pensión lujosa a mi mamá y una beca universitaria a mis hermanos. —Sí, es que cuando vean la pensión se les va a olvidar que estás muerto. —Bueno, Regina estaría menos enojada con dinero que sin dinero. —¿Cómo está Regina? Nada de anillo, nada de boda. —Qué mal tipo eres. —Ruedo los ojos y saco del cajón el anillo—. Llegó ayer. —Ja… entre más cara la piedra, más caro el divorcio —bromea Sergio, y todos se ríen—. Entonces, vamos a celebrar esto. —Sergio, aquí hay gente que trabaja para el gobierno. —Sí, y no voy a celebrarlo hasta que diga que sí. Creo que ella no quiere casarse, tal vez no está lista… —Sí, esas mariconadas las decimos todos —responde Sergio y me da un par de palmadas en el hombro; los demás asienten—. De un hombre que le tuvo que pedir diez veces a su mujer antes de que le tomara en serio —dice Sergio—. Algo íntimo, sé honesto, tienes que sonar seguro y romántico, porque sabes que las mujeres llevan una lista de puntos de por vida y no quieres que sus amigas te califiquen en tres o seis. —Soy un siete en la cama, según Regina. —Eres un nueve —dicen todos mis amigos, y asienten. Me río. —Las mujeres son diabólicas. Me siento a observar una de las imágenes de los crímenes. Quiero que sea un secreto, quiero que Regina no se preocupe, pero necesito que sepa defenderse, necesito que gane unos segundos, porque si esa es la persona que creo que es, entonces yo voy a ser su último target. —¿Qué viste, Santiago? —La roca… al lado de los cuerpos. Josh observa en silencio y da un suspiro largo. Sergio toma asiento finalmente y Gabbin se acuesta en el sofá. Los cuatro nos quedamos en silencio. Guardo el anillo y les pido a los tres que se recompongan. —Llamen, tenemos un viaje de negocios. —¿A dónde vamos? —Al desierto. —No puedo irme —responde Sergio. —Necesitas venir —le aseguramos los demás. —Necesitamos ir con la cabeza fría, Santiago. Nosotros ya no somos mocosos, yo soy el puto presidente y tú eres un empresario de renombre. Investiga, tienen hasta pasado mañana y yo veré cómo me desaparezco unos días. Gabb es el primero en llamar a casa. Conversa con su hija, quien está en total desacuerdo con lo que sea que tenga que trabajar. Nosotros tres reímos. —Ponme con tu jefe. —Pastelito, yo soy el jefe. —Sí, entonces vente a la casa, ya que no hice la tarea y tu esposa me va a matar. —Hablaré con mi mujer, yo te hago el paro. —Yo no sé qué puesto tienes en el trabajo con tus amiguitos, pero definitivamente; no tienes el puesto de jefe en casa. Tú ve a hacer la tarea de ayer y la de hoy, y ni me recuerdes… —Su hija y nosotros contenemos la risa porque su esposa nos puede oír. —No, me veas así. Dile adiós a tu papá. —¿Ves cómo sí tienes un jefe? —Mi amor, papá solo tiene socios. Tus tíos son mis socios, tu mamá es mi socia de la vida,v amos 50-50—su hija se ríe y quiero reír con ella. — te amo mucho, ten cuidado. —Un beso, saludos a los chiquitos. Te espero para dormir. —No voy a… —Ella ha finalizado la llamada y él se pone en pie. —Apúrense, que hoy me follan—Celebra Gabbien y me río. —De verdad, se pasan. Uno que es el presidente, el otro que tiene horario de fornicación y tú… ¿tienes algo Josh?—Un vicio caro, pero no quiero agobiarlos —comenta Josh, y nosotros dos le miramos serios. —No se burlen, pero he empezado un rompecabezas y lo tengo escondido de mi familia. Solo quiero irme para hacer eso. —¿Ya le escribiste a Regina? —pregunta Gabbin. —No, ella sabe que si no llego es porque estoy trabajando. —Serás cabrón.—los dos me dan un golpe en la cabeza y se los devuelvo. —Te vas a quedar solo de por vida. —Sí, definitivo.—responde Josh — Ojalá te deje. —Es feísimo eso de pedir permiso, Regina confía en mí y yo en ella. —No, pero ¿qué tal si tiene planes? Saco el teléfono y le escribo. Santiago: Guapísima, creo que hoy no llego. Regina Tan joven... y ya no puedes correrte. ¿Qué se le va a hacer? Santiago ¿Tenías planes? Regina Yo siempre tengo planes pero mis dedos me han acompañado desde hace veinte años y soy follable infinitamente. Santiago Jumm... qué precoz. Regina Las niñas somos más rápidas. Santiago Ya... como podría compensarte. Regina Estoy echándome un farol vine a hacer un masaje en los pies con mi hermana, si no vas a llegar a casa es probable que me quedé con ella. Santiago Quiero verte. Regina procede a mandarme una foto de sus tetas sé que es de hoy porque la vi ponerse ese sostén. Santiago Vale, deja a Linnie dormir sola que yos i voy a llegar. —¿Ahora todos podemos ir a tener sexo en paz? —No, tenemos que trabajar—respondo — vamos a sacar un poco de trabajo y luego la fornication. —¿Por qué él es el jefe? —se queja Gabbin. —A nosotros no nos gusta trabajar y esto es su idea.
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