—Señor... señor. Hemos llegado. Escucho la voz de Eros llamarme mientras da pequeños toques en mi hombro. —¿Qué sucede, Eros? —pregunto desorientado por haberme quedado dormido. —Disculpe señor, es solo que hemos llegado a casa de sus padres. —Ah, si, claro... gracias por avisarme. —mis voz suena aun pastosa, paso mis manos por mi rostro y un bostezo escapa de mi. —disculpa — digo apenado a Eros que aún está parado junto a la puerta sosteniendola para mi. —No sé preocupe señor. Me acomodo un poco el cabello con mis dedos y luego mi americana antes de salir del auto. una vez lo hago Eros cierra la puerta que aún sostenía. —¿Necesita alguna otra cosa señor? —No. Gracias Eros, puedes retirarte. Dicho eso Eros se gira sobre sus talones y se aleja de mi con rumbo hacia el área de des

