—Y entonces Ícaros se fue después de estar gritando como por media hora. —le comento con diversión a Tadeus mientras el disfruta degustando la enorme bandeja de lasaña de carne que le preparé. — Si eres mala, mira como te divierte su sufrimiento. —finge empatia por el idiota de mi marido. — ¿Mala, yo? —digo aumentando el dramatismo con ademanes —tú en mi lugar le habrías callado lanzándole agua fría, o peor aún, agua sucia. Tadeus estalla a carcajadas llevando sus manos a la altura de su abdomen, luego de un rato se calma y se incorpora en la silla del comedor. —Pero ya, en serio. Donde vea a ese desgraciado le voy a clavar un par de puñetazos en la cara. Mira que venir a cometer bigamia... y de paso, aparecer aquí con una maleta de ropa sucia pretendiendo que se la laves... así, como

