Después de unos treinta minutos de carretera llegamos a un mirador. Eros se estaciona y sale rápido para abrirme la puerta, una vez lo hace me tiende la mano para ayudarme a salir así que la tomo y salgo del auto teniendo cuidado de que mi falda no se vaya a levantar por accidente, ya que es una tela muy vaporosa y está haciendo mucha brisa. Eros me guía hasta el mirador y me quedo sorprendida al ver las pequeñas lucecitas que iluminan una alfombra de pétalos de rosas; camino sobre ellas encontrandome al final con el mirador repleto de ramos de rosas de todos los colores, una mesa para dos decorada con un matel blanco y sobre este, otro mantel pero en color rojo y labrado. También hay un carrito de servicio un pequeño valde con hielo para mantener fría la champaña. En el suelo hay un cora

