— Díganos jefe. ¿Cuáles son sus órdenes?
— Esperen un momento. Astid ve a un bar y trae un vino. Bebi un poco y aunque no me afecta su sabor me parece exquisito.
— De acuerdo señor. Ya vuelvo.
Desaparece en una bruma y al cabo de unos minutos llego con un vino tinto. Saca unas copas que lleva consigo y sirve para los tres; al probarlo Astid y Lubiel exclaman:
"Wow señor, tiene razón. En verdad es exquisito"
— Se los dije. Bueno ahora vamos al grano. Ya saben mis planes.
— Si señor.
— Ustedes van a liderar mis tropas, pero necesito que estén pendiente de mi receptáculo. Creen conflictos que hagan que necesite de mi. Quiero poseer su cuerpo antes de que cumpla dieciocho años. ¿Entendido?
— Así será señor. Cuente con nosotros.
— Otra cosa; quiero que no haya desorden en mi ausencia. Cada evento debe ser calculado y exacto; sin ningún margen de error. Tal cual como lo hizo Lubiel con la familia que fue asesinada. ¿Entendido?
— ¿Fuiste tu Lubiel? — Pregunta Astid sorprendido.
— Si. Fue una orden de mi Señor y la cumpli como el quería — Exclama con orgullo.
— ¡Te felicito camarada! — Dice palmeandole el hombro — Ese asesinato fue increíble.
— No fue nada — Dice encogiéndose de hombros.
— Así quiero que sea todo — Interrumpe Astherot — Sin errores.
— De acuerdo señor.
— Pueden irse. Iré a ver si mi receptáculo esta listo y si ya lo esta los volveré a llamar.
— Entendido.