Jamás mis intenciones han sido esas. Por lo tanto lo mejor era alejarse de la persona que me hace rabiar como nunca nadie lo había hecho. — Adair, tenemos que hablar — ella intentó entrar por la puerta delantera pero no pudo — vamos, abre que necesito decirte algo. — Vete, Elowen — hablé tratando de calmar mi rabia — no quiero saber nada de nadie en estos momentos. Ella no dijo nada y pensé que se iba a calmar pero no fue así ya que entró por la puerta que comunicaba su oficina con la mía. — ¡Ay! — ella se cayó y se golpeó la cabeza — eso dolió, ¡Esto es tu culpa! Si solo me hubieras abierto la puerta nada de esto estaría pasando. — Ven aquí — la levanté — no es mi culpa sino que lo es de tu terquedad, vete que no quiero hablar con nadie y creo que lo deje bien claro. — ¿Ni siquiera

