Al darme la vuelta miré a un hombre anciano, él acariciaba mi trasero con total descaro y tenía una mirada de pervertido. — ¡¿Qué le pasa?! — le di una bofetada que resonó en toda la sala — ¡Llamen a seguridad! ¡Un viejo pervertido ha entrado a la empresa! En ese viejo pervertido había cierta familiaridad pero a mí poco me importaba, ni que fuera teléfono público para que todo mundo me anduviera manoseando. — ¿Qué sucede, Elow? Adair salió de la oficina y miró al anciano, yo me fui a su lado entonces le dije lo qué había pasado. Pensé que lo iba a noquear ya que estaba rojo de cólera, pero para mi sorpresa se quedó quieto. — ¿Qué pensaste? — el anciano me miró con burla — ¿Qué ese baboso me iba a noquear? Pues lamento informarte, preciosura, no va a ser así. — No necesito que nadie

