Miré que Adair esbozaba una sonrisa y sabía bien lo que quería decir así que arqueé mi ceja para detenerlo. — Ni se te ocurra decir nada porque en este preciso momento cierro la puerta en tus narices, entra de una vez y se breve que estoy ocupada. Caminé por delante de Adair y me senté en la silla, lo miré atentamente esperando que hablara. Se mantuvo callado un buen rato como si buscara las palabras correctas. — Escucha, si no tienes nada que hacer te voy a pedir que te vayas por donde viniste. Tengo mucho trabajo encima como para estar perdiendo el tiempo contigo. — No, no es eso — él frotó su cuello — ¡Lo siento! Me porté ayer como un idiota y no debí decirte eso, entiendo que estés molesta pero espero que puedas perdonarme. — No lo sé — respondí conteniendo mi sorpresa — voy a pen

