Miré al señor Smith palidecer en el momento que me miró, Adair junto con Pablo lo arrastraron hasta su oficina y lo lanzaron en la silla. Me senté delante de él y crucé elegantemente mis piernas. — Bien, ahora quiero que me muestre el testamento de mi padre y no aceptó una negativa como respuesta. Si sabe lo que le conviene lo va a hacer. — El testamento de tu padre no se encuentra aquí, lo tengo en mi casa. — Por favor, señor Smith. Sé muy bien cómo maneja las cosas y usted no guarda esa clase de documentos en su casa, generalmente lo hace aquí o si son muy valiosos e importantes lo hace en el banco. Es un hombre de costumbres sumamente arraigadas y no va a cambiar de la noche a la mañana, así que dese prisa y muestre el testamento de mi papá si no quiere que las cosas se pongan muy de

