Sergio palideció en el momento que me miró con el rifle de balines que había comprado y cuando lo cargué para disparar fue que se escudó detrás de la zorribruja de Cassidy. — No te preocupes, tengo suficiente balines para los tres — apunté en dirección de ellos — supongo que Sergio te dijo que mi papá me enseñó a disparar ya que salíamos de cacería durante la época que nos lo permitía. — Elowen, dulce y querida Elowen, por favor no me dispares — Cassidy empezó a temblar — yo no soy la culpable de lo que te pasó. — ¿En serio eres tan cínica para decir eso? — le di el rifle a Adair — muy bien, es cierto que nunca me diste un balazo, justo por eso es que te voy a pagar con la misma moneda que me diste. Tomé un cuchillo que estaban ocupando para cortar la fruta que la alcahueta de Olivia l

