Ella asintió, sus ojos brillando con una mezcla de emociones. Fue ahí que supe que había hecho lo correcto, esas expresiones eran las que me enamoraban cada día más de ella. — Lo lograste, Adair. Esto es maravilloso. Gracias. Nos sumergimos en la velada que había preparado, compartiendo risas y miradas cómplices. El ambiente se llenó de una calidez que no provenía sólo de las velas, sino también de la conexión compartida entre nosotros. Mientras disfrutábamos de la noche, me di cuenta de que a veces, los gestos más simples podían tener un impacto profundo en el corazón de alguien. — Ven aquí — tomé la mano de Elowen — quiero hacer algo contigo. Después de disfrutar de la íntima velada en la habitación, Elowen y yo nos miramos con complicidad. La música suave que fluía por la habitación

