Capítulo Décimo Séptimo

1092 Words
—Prometí no enojarme. —Susurro y quise parar. Sin embargo, mi lengua no conocía la definición de prudencia. — Digo, es más común que el padre los abandone a que la madre los deje tirado. Había callado, me había mordido los labios para no soltar aquel pensamiento que sabía que no era correcto, él insistió en saber, él me pidió soltar aquellas palabras que podían ser duras. No tenía la culpa de que mis palabras le causaran molestia, el insistió y yo obedecí. —Dalia, no sabes nada de mi ni de mi esposa. —Estaba por seguir, pero me detuve al escuchar el llanto de su pequeña. —Ya se despertó. —Susurro y se detuvo, bajo del auto para abrir la puerta trasera sentándose junto al portabebés. —Aquí estoy amor, ¿Tienes hambre? —Saco un biberón de la pañalera y se lo dio a la pequeña, la cual no podía ver ya que estaba detrás de mi asiento. —¿Dalia podrías? No permití que terminara la frase, entendía que es lo que quería pedirme, asentí y confirme que si podía. Me quite el cinturón y me gire para pasarme hacia atrás, no salí cómo él ya que la lluvia comenzaba a golpear el auto con más fuerza. Jarek estaba un poco mojado y al parecer eso no le importaba, no es que se encontrara escurriendo agua, pero las gotas habían mojado su cabello. Esperaba que saliera para poder tirarme en el asiento trasero, sin embargo, no se movió, tomo de mi cintura y me ayudo a pasar. Con sus fuertes manos me atrajo hacia él sin darse cuenta de lo que su toqué estaba causando, me volví una gelatina al sentir sus manos, completamente mi cuerpo se convirtió en un muñeco de trapo con el que podía hacer lo que quisiera y así tan fácil me manipulo para colocarme sobre sus piernas. ¡Dios estaba sobre sus piernas! Sus manos aun me sostenían por la cintura. ¿Dónde se encontraba mi corazón? No lo sentía, no lo escuchaba, ¿se habrá desmayado? “Respira María” “Respira Dalia” “Respira corazón” Cuando coloque cada pierna a un lado apoyándome en el asiento, mis manos soltaron la cabecera y quedaron sobre sus hombros, aun no ejercía fuerza, pero mis manos estaban sudando y temblando, lo estaba tocando, estaba sobre él. “Lo estaba tocando” “Estaba sobre él” “Respira” Esto debía ser un sueño, uno del cual nunca quería despertar. “Solo respira” Jarek levanto la mano y con su pulgar acaricio mi mejilla cuando en su rostro se trazó una pequeña sonrisa. “Respira” Me faltaba el aire, me faltaba la cordura, me faltaba una buena bofetada para reaccionar. —Eres hermosa Dalia, quisiera besarte. — Con la mano con la cual me sostenía me estrecho más a él, causándome un nuevo parálisis, ya que no respiraba decidí morder mis labios con fuerza esperando reaccionar al dolor, me había quedado completamente sin mis sentidos. Mi pobre corazón termino perdiendo la maratón a causa de ese pequeño rose de esa pequeña caricia, una corriente se encontraba recorriendo todo mi cuerpo hasta instalarse en el vientre, en el momento en que mi corazón dio su ultimo latido. Sus ojos recorrían mis labios, los deseaba. Deseaba probar de ellos, de su dulce sabor sin saber que podía ser su perdición. Un vicio del cual ninguno de los dos saldría ni buscando una rehabilitación, estaba segura de que besaba bien, que al tocar sus labios no habría marcha atrás. No lo necesitaríamos, ya que es un vicio que no te mata lentamente como lo hacen otros. Ya había disparado antes de que estuviéramos tan cerca, al menos yo parecía un zombi. Oh tal vez pueda que la muerte sea mucho más dura de lo que la estoy sintiendo en este momento, más desgarradora ya que después de todo los vicios al final nunca son buenos, y Jarek era la peor droga en mi vida. Mi pequeño mundo giraba en su alrededor buscando la manera de estrellarse a él y funcionarnos o convertirnos en polvo y gas. El espacio en el auto se volvió tan pequeño, que el sudor se estaba acumulando en mi frente, a pesar de la lluvia y del viento fuera del auto, adentro estaba que parecía un horno. Me sentía pegajosa y la ropa comenzaba a molestarme, al igual que ese pequeño espacio que quedaba entre nuestros labios. Le pedía que quitara esa distancia, que me besara de una vez. Lástima que mi chico Wilson no leyera los pensamientos. Su agarre cada vez se hacía más fuerte, su mano se sentía más caliente, su pecho subía y bajaba diciéndome que también se le dificultaba respirar. Su boca estaba tan cerca que por un momento pensé que me besaría y que todos mis deseos se harían realidad. Estaba segura de que si a su pequeña no se le hubiese caído el biberón él me hubiera besado, habríamos colisionado y solo tal vez nos hubiésemos fusionado. Aún seguía sentada en sus piernas, aún seguía sin poder moverme, Jarek tranquilizo a la pequeña haciéndole saber que ahí se encontraba, que no estaba sola, volvió a darle el biberón y entonces me miro. —Debemos seguir. — Me quedé observando sus labios, esperando que retomara donde se había quedado, puesto que no dije nada y no me movía Jarek me levanto un poco. — Debemos llegar antes de las cuatro. —Me acomode junto al portabebés sin dejar de observar sus movimientos, en el momento en que bajo del auto logre sentir la brisa, volví a respirar, inhale todo el aire que me permitió los segundos que la puerta estuvo abierta. Durante la siguiente hora me dedique a ver a la pequeña, a jugar con ella, a calmarla mientras se volvía a dormir. Merci no mentía, Lila como la llamaba su padre era “muy hermosa” y es justo ahí que esas palabras si pertenecen a la misma oración. Con la poca luz que entraba logre apreciar por un momento sus “muy bellos” ojos, el mismo color cielo, la misma intensidad, la misma profundidad. Jarek no volvió a preguntar nada, se dedicó a conducir y a observarme de vez en cuando por el espejo. No necesitaba verbalizar nada para decirme que su deseó de besarme aún estaba ahí cómo una espina encajada. Su mirada me decía que sentía atracción hacia mí, eso ya era un punto a mi favor.
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