Me hacía tantas preguntas, comencé a volver a imaginar y a soñar.
—¡ALTO AHÍ MARIA! — Detuve mis pensamientos. —Fue suficiente por hoy mi querida Dalia. —Me acosté en la cama queriendo frenar esas ilusiones. —Ya hablamos de esto, ya sabemos lo que va a pasar, o mejor dicho lo que no va a pasar, hemos hablado de esto muchas veces y no es bueno para ti, ni para ese corazón tan grande que posees.
—¿Con quién hablas? —Mi madre abrió la puerta mirando en toda la habitación.
—¡Con nadie! —La mire un tanto molesta, abrió la puerta sin tocar y eso no era de mi agrado, me pareció irrespetuoso, no importaba si era mi madre.
Mi mente estaba en otro sitio que olvide poner llave. —¿Quién es María? —Entro a la habitación recorriéndola con la mirada.
—Suelo llamarme María cuando hablo sola, ¿algún problema?
Salió riendo sin decir nada, aquello se me hizo muy extraño, ella no se interesaba en mi vida ni entraba a mi habitación porque escuchara ruido.
Mis alertas se activaron, algo no estaba bien y debía estar atenta a sus movimientos. La verdad es que ella, siempre que la familia de mi padre enviaba el dinero de cada mes, actuaba como si yo le importara quería saber qué hacía de mi vida para informarle a mi supuesta abuela.
No entendía por qué no solo me preguntaba, si tenía el valor de herirme con su desprecio y palabras por que no era capaz de preguntar que has hecho estos días, o tu abuela quiere saber cómo te encuentras.
¿No era tan difícil? ¿Oh sí?
Soñé con sus ojos por recorrer mi cuerpo, con sus manos por encontrar cada parte de él y con sus labios por asegurar su posesión.
Soñé que él era mío y me convertí en su totalidad.
—Ininteligible sueño!
—Estúpido sueño. — Mi queja cuando me levante debido al ruido de un relámpago. — En este momento no estoy empapada por la lluvia. — Una pequeña sonrisa se formó en mis labios al sentir las pulsadas en medio de mis piernas.
Un sueño que despertó la curiosidad en los deseos más peligrosos.
La señora Amparo solía decir que los problemas siempre vienen acompañados, mi vida estaba llena de cambios problemáticos y demasiados altibajos. Ya era tan común que no me sorprendía, solía sucederme tantas cosas en un solo día, que pasar una semana llena de acontecimientos no era nada por el cual asustarme.
—Dalia ayuda a tu hermana con la limpieza, tendremos visitas. —Tome un plato para prepararme un desayuno nutritivo y delicioso, ni siquiera termine la última cucharada de cereal que quedaba en el plato cuando mi madre volvió hablar. — Dalia ¿puedes darte prisa? vendrán a la hora del almuerzo.
“No era mi problema”
La forma en la que mi madre se dirigía a mí no era la misma con la que solía pedirme las cosas. ¿Quién era tan importante? Para que su voz se volviera el de una mujer afable y su petición saliera con respeto.
Me sorprendió ver a Eris en la cocina limpiando la vajilla que mi madre compro hace años y que no se utilizaba.
Ayude con lo que me pidió, ya que tenía tiempo y entraba en el turno de la tarde. ¿sería el presidente? El que la visitaba, puesto que la casa tenía un olor peculiar y todo se encontraba reluciente.
Excepto Eris, su ojo estaba más morado y el maquillaje no ayudaba a cubrirlo, al contrario, provocaba que fuera más obvio.
—¿Sabes quién vendrá? —Pregunto Eris entrando a mi habitación. Cuanta falta de respeto y educación había en esta casa.
—No me interesa, de todas maneras, me marchare antes de que este aquí.
—Mamá no lo permitirá.
Me di la vuelta al ver que se sentaba en mi cama. —¿Qué crees que haces? —quería volver a tomarla del cabello y sacarla a patadas.
¡RELAJATE MARIA! Tome aire calmando el creciente enojo en mi interior.
—Es papá, quiere conocernos. —No podía negar que mi corazón sufrió un paro y que toda la piel se me erizo. —Llamo a mamá el día de ayer para preguntar si podía visitarnos ya que está en la ciudad.
Me tragué la lengua al tomar aire con la boca, sé que dije que nada me asustaba ni me sorprendía, pero no podía negar que estaba aterrada y que mi pensamiento fue.
“Huye Dalia”
—No me importa si es el alcalde o el propio presidente.
—A mi si me importa, y no voy a permitir que arruines este día. —Se puso de pie con lágrimas en los ojos. —Sabes lo mucho que te odio y me repugnas, pero él quiere que estemos las dos. Si por mi fuera te enteraría viva para que no arruines su estadía.
Bajo la voz al darse cuenta de que estaba gritando. — Es tu papá no el mío y no me interesa. —Estaba por sacarla de la habitación cuando se acercó a mí y tomo mis manos. —¿Estas demente?
—Quiero que hagamos una tregua por este día, podrías comportarte y fingir que nos llevamos bien.
Me reí en su cara, todo esto debía ser una broma de muy mal gusto — No debí golpear tu cabeza contra la mesa, parece que estas teniendo problemas de reinicio.
— Estoy hablando muy enserio, cuando esto termine nos seguiremos odiando.
—No te odio Eris, me decepcionas que es peor. Puedes largarte y terminar con esta idiotez me está dando nauseas tu olor a loción, así que vete.
El timbre de la casa sonó y los pasos de mamá golpeaban con fuerza la madera. —Ya llegaron, ¿Cuánto quieres para fingir?
—Hoy estamos en la misma frecuencia. —Sonreí al ver lo desesperada que se encontraba.
Yo jamás lo conocí, al contrario de mi hermana que lo tuvo por unos años, como lo dije él se marchó cuando nací.
Me culparon toda mi vida por su alejamiento, aun sigo sin saber la razón. Este sería un buen momento para hacer preguntas, podría culparlo por todo lo que he tenido que pasar.