Capítulo Décimo Segundo

1120 Words
Había pasado ya varios días y Eris no aparecía. Entendía su motivo, tal vez en su lugar yo hubiese hecho lo mismo. Creció creyendo que aquel hombre era su padre cuando en realidad no lo era. Me culpo tantas veces por su desaparición, me escupió en la cara que él no era mi padre. Así era el maldito karma, te da lo que das. Una parte de mi quería encararle todas las veces en que hablaba de él con orgullo, quería recordarle como me gritaba que yo no era la hija de ese hombre y que por eso decidió largarse. Cerré mi boca ya que yo no era igual a ella, aunque a veces lo dudaba. Al fin y al cabo, éramos hijas de la misma mujer. Aunque no me interesaba, ya no me importaba si la sangre de ese hombre corría por mis venas. —¡llámala una vez más! —Me pidió por séptima vez mi madre. ¿Qué le hacía creer que contestaría mis llamadas? Aquella pregunta estaba en mi cabeza en cada momento que llamaba a Eris. Había varios motivos por los que sabía que no contestaría, uno de ellos era porque me detestaba. No tenía mi número sería una muy buena razón y aunque lo tuviera prefería morir que contestar una llamada mía. —Has lo que te pido. —Grito molesta y desesperada. Unas cuantas palabras cruzaron por mi cabeza, no me atreví a decirle a pesar de que quería aclarar que “Con ese tono, no hago favores”, pero ver sus ojos llenos de tristeza no tuve otra opción que obedecer —Ya voy, ya voy. —alce mis manos calmando a la fiera de mi madre, aunque, “Con gusto lo hago, pero digo, un por favor no cae nada mal”. ¿no lo creen? Ver su expresión de desesperación me daba mucha tristeza, la impotencia de no saber de Eris estaba matando su paciencia y sus sueño. Durante las noches caminaba de un lado hacia otro frente a la puerta esperando que regresara, no dormía bien no comía bien y aquí nos encontramos. —Mierda Dalia, llama la de una maldita vez. Puede que le haya pasado algo. Volvió a gritar, ya le había marcado más de doce veces y mi amada hermana me mandaba a buzón. Estaba más que segura que mi hermana se encontraba en perfecto estado, alguien tan mala como ella solo causaba daño. ¡Es sorprendente que saliera lastimada! Si yo hubiese conocido esa historia hace mucho tiempo no hubiese permitido que me afectara sus insultos. ¿Quién era la causante de que todo estuviese jodido? Si tan solo hubiese sido honesta con sigo misma y con los demás Eris y su marido estarían con ella. Si tan solo viera más allá entendería que sus acciones lastiman a más personas de las que piensa. Quería decirle aquellas palabras, pero me las contuve al igual que una sonrisa irónica por mis pensamientos, marque el numero aceptando su orden. Volví a llamar una vez más, era el mismo resultado. —Puedes llamarle a su novio y preguntar si ella esta con él o tal vez a unas de sus amigas. —Eris no tiene novio. —Grito mi madre, quien no podía tener una conversación calmada, siempre eran gritos cuando se dirigía a mí. —Si tuviera novio ya me lo hubiese presentado, además ella no es una estúpida para joderse la vida. Bueno, si mi madre lo decía. Me puse de pie, necesitaba dormir ya que me sentía cansada por el trabajo. — Bueno entonces llama a su amigo o lo que sea, o a una amiga yo que se. —Seguí caminando muy cansada por mi día de trabajo. —A dónde vas, ven aquí Dalia Mairene. —Estaba por subir las gradas cuando entendí que hasta que Eris no apareciera por esa puerta mi madre no iba a dormir y seguiría insistiendo, llevándome con ella en su jodida desesperación. —Voy a buscar un suéter para ir a donde un conocido, iré a preguntar por ella. —Hable subiendo las gradas con ganas de tirarme en la cama y entrar en un profundo sueño. —¿Por qué no le llamas? —Porque no tengo su número. Claro que no era ningún conocido. Digamos que era la casa del novio, que da la casualidad ser vecino de Merci. Al menos es lo que escuche cuando Merci hablaba sobre haberla visto por esa zona. Pasaba las doce de la noche y las únicas almas que deambulaban eran las que ya estaban muertas y yo que estaba a punto de morirme por la colera que crecía dentro de mí. Cuando pase por la casa del chico Wilson me deje caer en la grama, los mismos días que tenia de no ver a mi hermana los tenia de no verlo a él. Merci no se aguantó por decir que andaba en la tienda comprando con la niña, pero ya que tenía mucho trabajo pase dentro de la bodega. Era una pena tenía demasiada ganas de verlo, de sentir su aliento y escuchar su duce voz. Estaba bien, me decía. No era correcto lo que estaba haciendo, me prometí darle un punto final a mi locura, puesto que mi obsesión llego tan lejos que me encontraba en su patio sentada en su silla. Si se preguntan cómo es que de estar en la grama termine en su corredor, solo les diré que gatee hasta este lugar como una enferma, como lo que soy en realidad. Solo en ese lugar lo sentía tan cerca, solo ahí podía imaginar teniéndolo pegado a mis labios o a mi cuerpo. Mi celular comenzó a sonar volviéndome a la realidad. —¡mierda mierda mierda! —Susurre saliendo del corredor y corriendo hacia la calle. Solo esperaba que estuvieran muy dormidos y no lo escucharan, pues el volumen estaba tan alto que el perro del vecino comenzó a latir. Seguí corriendo varias cuadras hasta llegar al área donde se encontraba la casa de Merci. —“Ya estoy aquí” —Le escribí a mi compañera de trabajo, dejándome caer en el pequeño escalón de su casa. Le había marcado interrumpiendo su sueño para que me diera el número de casa del chico, puesto que solo sabía que vivía en esa zona. —¿Has venido caminando? —Pregunto saliendo de la casa envuelta en una manta. —Corriendo. —Conteste a un recuperando mi aliento y poniéndome de pie. —¡Dios, tu madre sí que está loca! —En eso estaba de acuerdo, pero sin duda estaba más loca yo por querer complacerla. —Vamos, no está muy lejos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD