Cumplí quince años y el aun no sabía que yo existía, mientras que yo sabía todo lo que él hacía.
Un año después de aquel beso se dejó con la rubia, ella le fui infiel con alguien más mayor y así mi esperanza aún más creció.
Estudia en la universidad por el día y trabajaba por las tardes, su madre Karen se encontraba enferma desde hace un año. Cáncer es lo que todos decían, la última vez que la vi fue el día en que cumplía años.
—¡Lo siento! —Regresaba a casa después de la escuela, aquella casa vieja y descuidada ya no estaba. Con los años colocaron la cerca impidiendo mi pasada, sospecho que lo hizo para evitar mis cruces de cada tarde, la pintaron y le hicieron remodelaciones.
—Está bien no importa. — Caminaba feliz con un pequeño pastel, la puerta del auto que se encontraba estacionado a la orilla de la calle se abrió. — Fue un accidente. —Golpeó mi mano aventando el pastel al suelo.
—Lo lamento tanto no te vi. —Aquella mujer hermosa se encontraba con los años encima, parecía que había envejecido 20 años en unos cuantos meses.
—No se preocupe señora, solo era un simple pastel. —Recogí lo que pude y lo tiré al basurero.
—Vaya que has crecido. —Sonrío de lado mientras me daba una servilleta. — Lamento haberte gritado hace años cuando cruzabas por el patio.
—Ya no me acordaba de eso. —Mentí, en realidad no olvidaba ese día, no olvidaba lo que sentí al verlo.
—Soy Karen. —Me ofreció su mano, durante cinco años camine frente a su casa y jamás se atrevió a dirigirme la palabra ni para los buenos días.
—Lo se. —Acepte su mano sin entender por qué se presentaba. —Dalia. —Y menos porque me presente yo.
—Lo lamento Dalia, déjame comprarte un nuevo pastel o prepararte uno. —¿Prepararme uno? Eso se escuchaba de maravilla, me invitaría a su casa y por fin el chico Wilson pondría sus ojos en mí. —Mi hijo y su prometida no tardaran en llegar.
—¿Prometida? —Así es, el jamás pondría los ojos sobre la chica despeinada sin gracia. — ¿Se va a casar? —De repente escuche como mi corazón se rompía, los pedazos caían al suelo rompiéndose en más pedazos quedando solo polvo.
—Si, estoy muy feliz que quiera hacer su vida. —La sonrisa y el brillo en sus ojos lo decían todo.
Como le explicaba a la señora que desde que tenía 11 años estaba obsesionada con su hijo, que no había día en que espiaba desde la esquina solo para verlo, aunque sea un momento.
Que sabía que su color favorito era el verde, que le gustaba el deporte y todos los domingos a las tres de la tarde salía con sus amigos.
Que disfrutaba de la comida italiana cada viernes, que lo visitaba su hermana mayor la cual vivía con su padre.
Que aquella alegría no era mutua. —Oh muchas gracias, señora, no se preocupe de todas maneras lo iba a tirar. —Forcé una sonrisa. —Que disfrute de su familia y felicidades a su hijo les deseó mis bendiciones. —Lo que desee es que ese compromiso no se lleve a cabo y que termine mal.
Desee que no durara mucho que ella le fuera infiel, así como la rubia, que se diera cuenta que yo era el amor de su vida.
Él no podía casarse, no sin antes conocerme, si tan solo entendiera que al verme cambiaria su decisión.
No la volví a ver desde ese día, al parecer se mantenía en el hospital. Y el, bueno, siempre lo veía salir de casa a toda prisa.
Sin siquiera dedicarme una mirada, mi corazón aun guardaba la esperanza de que nos amara de la misma manera.
—Dalia, ¿te encuentras bien? —Me era difícil poner atención en clase, el chico Wilson se casó con una mujer no tan hermosa como la rubia, pero a comparación de su servidora era una belleza. —Te veo distraída.
Creía saber todo de él, desde lo que comía los lunes hasta lo que comía los domingos, pero estaba tan equivocada.
Al parecer espiarlo cada domingo no me ayudo en nada.
Contrajo matrimonio con aquella mujer para complacer a su madre, Karen deseaba verlo casado antes de fallecer y el solo cumplió con el deseo de ella.
—No dormí bien, a mi madre le tocó el turno de la noche, mi hermana aprovecho y metió a su novio, sabes los ruidos que escuche durante todo ese tiempo.
—¿¡Que!? ¿Como tu madre no se da cuenta?
Ni yo sabía cómo es que mi madre ignoraba todo lo que hacía mi hermana, o simplemente no le importaba ya que era su orgullo.
Nada había cambiado, yo siempre serio la vergüenza, la piedra en su camino la hija no deseada.
Con los años me di cuenta de que me mantenía a su lado, por la ayuda que daba la familia de mi padre, dinero del cual no veía ni un centavo.
Ayudaba a una señora después de la escuela, me quedaba una hora en la tienda que estaba frente a ella.
En los primeros días platicaba con la señora mientras ella llenaba de frutas y verduras, con el tiempo las pláticas se hacían más largas que terminaba ayudándola, una cosa llevo a la otra que sin darme cuenta el mánager se volvió mi amigo y por la ayuda que le daba a la señora termino pagándome.
Dinero que guarde para cumplir mi sueño de estudiar, ya que mi madre insistía en que no pondría ni un solo centavo para alguna universidad, le mostraría que no necesitaba de ella.
Mi vida no era triste ni difícil, aprendí a trabajar desde los quince a sonreír a pesar de las adversidades.
Mi madre no se preocupaba por mí y me acostumbre a su falta de interés, que mi hermana me ignorada dejo de afectarme a los 13, así que a mis 18 años yo vivía con unas desconocidas.
Estudiaba por el día y trabajaba por las tardes, ver al chico Wilson era mi parte favorita, sin embargo, la ilusión se volvió un sueño guardado en un cofre, como el deseo de tener una familia con él.
Por casualidad o por el destino por lo que sea, cada noche después del trabajo lo veía bajar de su auto a la misma hora.