—Dalia, sabes lo mucho que te quiero. Eres como una hija para mí, te conozco desde hace años y no entiendo cómo puedes seguir viviendo de esa manera. — Dentro de mi pecho un nudo se formaba al escuchar las palabras de la señora Amparo. — Ven a vivir con nosotros, o múdate de esa casa, pero tienes que salir hija. —Dalia — Llamo Merci igual de preocupada que la señora Amparo. — La señito tiene razón, un día esa vieja loca de tu madre te puede tirar por las gradas. —Iré a ver si los muchachos necesitan ayuda. — No sabía que responder a esas palabras, una parte de mi quería decir que mi madre no podía ser capaz, sin embargo, se encontraba aquella parte a la que había dañado y estaba segura de que era capaz de cualquier cosa. Como inventar que por mi culpa su esposo la abandonó, decir que n

