4

1581 Words
CAPÍTULO 4 —¿Qué es lo que sucede? —pregunta con voz áspera. Parece disgustado y lo comprendo, probablemente el querría ir a dormir y yo estoy aquí, pidiendo ser salvada por segunda vez en el día. Si yo fuera él, arrancaría mi carro y me iría a dormir. Entro al auto con delicadeza, me acomodo en el asiento y miro mis dedos mientras hablo. —Mis amigos me llamaron, ya sabes, cuando se hizo todo el alboroto la gente comenzó a correr y ellos de alguna forma terminaron muy, pero muy lejos de mí. Por eso yo busqué una forma diferente de salir y entonces llegaste tú, ellos no contaron con la misma suerte. Corrieron todo lo que pudieron y llegaron a un callejón cerca del edificio, según ellos al lado hay una pizzeria. —Explico muerta de pena. Ciertamente esto me da mucha pena porque nunca me ha gustado molestar a alguien o simplemente pedir favores y hoy he alcanzado mi limite, pero se trata de mis mejores amigos por ellos, ¿Qué no haría? —¿Y tú saliste a buscarlos? —inquiere dándome una mirada que no supe reconocer.  —Sí —afirmo. Estoy muy nerviosa para entablar una conversación con él. —¿Ni siquiera sabes la dirección? —se nota una vena en su cuello, está realmente molesto. —Se le acabó la batería del teléfono cuando iba a decírmelo. —¿Ibas a buscarlos casi a las dos de la madrugada sin saber a dónde ibas? —dice, dándole un golpe al volante. Bien, está bastante alterado. —Solamente no vuelvas a exponerte de esa manera al peligro —dice tratando de bajar la guardia. Echa la cabeza hacía atrás y aprieta fuerte el volante, mientras que sus nudillos se vuelven cada vez más blancos. Pobre volante. —Son mis amigos, haría todo por ellos, después de todo no es problema tuyo de la manera en que me expongo al peligro, no eres mi padre —digo molesta por su actitud. —Tu eres mi problema desde que entraste a ese edificio —musita serio. Parpadeo varias veces y frunzo el ceño, ¿Escuché bien? —No lo soy —digo viéndolo fijamente. —¿Siempre eres tan terca? —pregunta aún más serio, como si fuera posible. Abro la boca para decir algo y quedo en blanco, la cierro y volteo viendo por la ventanilla. No lo entiendo, no comprendo al chico que está a mi lado, si lo conozco hace tres horas es mucho y se atreve a hablarme de esa forma. No le permito a nadie tal cosa, por supuesto. Pero observando mi situación él me ha ayudado mucho esta noche por lo que no quiero parecer una mal agradecida. Estoy pensando en mis amigos hasta que me doy cuenta de algo, ¿Qué hacía él todavía por mi calle? Digo, yo ya había entrado a casa. —¿Qué hacías por mi vecindario todavía? —pregunto curiosa.  Él voltea un momento y vuelve la vista al frente. —Digo, tu ya me habías...  —Iba de vuelta a tu casa a buscar mi chaqueta —me interrumpe y vuelve a observarme, sus ojos oscuros parecieron brillar al verme con ella puesta. —Pero al parecer ya tiene nuevo dueño. O mejor dicho, dueña. Abro los ojos sorprendida, me quito la chaqueta y se la tiendo. —No, pontela, hace mucho frío —demanda. En frente de nosotros hay un gran cartel que dice "Pizzería Giorgio's" en letras neón, algunas letras no alumbran y otras titilan, el lugar luce tal y como dijo Lillien, viejo y descuidado, puedo agregarle demacrado. En los al rededores se ve todo apagado pero puedo que jurar que en algún lugar todavía hay adolescentes escondidos en busca de alguien que los ayude. —Estoy seguro que es aquí. —¿Cómo lo sabes? —pregunto—. Digo, tu eres nuevo en el pueblo. —Solo lo sé y ya —responde cortante. Me hace una seña y sale del carro, yo salgo detrás de él. Al lado de la pizzería hay un callejón, como dijo mi amiga. —Toma mi mano y no me sueltes. ¿Bien? Asiento con la cabeza y tomo su mano. Me sorprendo por lo cálida que se encuentra, a pesar del frío él esta cálido. Su mano es diferente a la mía en todos los sentidos, es grande y cálida. La mía es pequeña en comparación a la de él y fría. A pesar de eso su mano y la mía se entrelazaron perfectamente. Camino a su lado a través del callejón, el lugar huele a sangre y tabaco. Una mezcla poco atractiva y también un lugar perfecto para traficar y hacer cochinadas sin que nadie se entere. Nos adentramos más al lugar y no escucho nada, ¿Y si nos equivocamos de dirección? Como ya dije, él es nuevo en el pueblo, ¿Cómo conoce estos lugares? Un grito nos puso alerta. El moreno aprieta más su agarre en mi mano y camina sigiloso examinando todo el lugar. Dos tipos se encuentran peleando, mejor dicho uno sólo porque el otro esta casi inconsciente en brazos del chico que lo golpea sin piedad alguna. —¡Basta, déjalo! —exclama una chica a su lado. La chica forcejea con el tipo y este ni se inmuta, sigue golpeando al otro chico que casi yacía en el suelo. Al segundo reconocí la voz de mi mejor amiga. Si mi amiga esta pidiendo que parara de golpear a ese chico, significa que ese chico es... Oh no. Me suelto de su agarre y corro en dirección a ellos. —¡Para! —grito lanzandome sobre el tipo que golpea a mi mejor amigo. Lo agarro de la camisa y él voltea dispuesto a darme un golpe. Esperé el golpe con los ojos cerrados pero este nunca llegó. Abro los ojos confundida y me encuentro con la desagradable pero aliviante escena del moreno furioso golpeando al tipo. Quedo sin habla y me arrodillo al frente de mi amigo quién yace una pared del callejón, no logre verle por la oscuridad del lugar, pero podría jurar que está lleno de moretones. Toco su cara y lo miro fijamente, el jadea por el dolor. Mi mano se siente algo húmeda y pegostosa, en cuanto la llevo a mi nariz se inmediatamente que se trata de sangre. —Estoy bien —jadea del dolor mientras trataba de pararse del rincón donde antes le estaban dando una golpiza. —¿Estás bien? —le pregunta ahora a Lillien, las lágrimas adornan su cara.  Sorbe y asiente con la cabeza mientras se limpia la cara. De repente las sirenas se oyen lejanas y algunos gritos y chillidos se escuchan por el callejón. —Tenemos que irnos —dice Lillien nerviosa.  Zak y ella me dan esa mirada de "Nos tienes que explicar más tarde" o mejor dicho "Me tienes que explicar" pero gracias a la situación no dijeron nada acerca de mi acompañante. Alarmados nos levantamos, no si antes ver a Zak. Se ve mejor de lo que creí, se trata de dos golpes en el rostro. Pudo haber sido peor. Luego les preguntaré el porque de la pelea. Me asusto cuando escucho un gemido de dolor, el moreno, quien sigue golpeando al hombre luce fuera de control, fuera de sí mismo. —Hey, basta —exclamo acercándome a él. Al escuchar mi voz para de golpear al tipo y se levanta sin rechistar. Caminamos en dirección al carro lo más rápido que pudimos y en cuanto entramos mis amigos y yo soltamos suspiro de alivio. Nunca había sentido tanto alivio al ver la fachada de mi casa, Lillien y Zak se despidieron dando las gracias y yo inexplicablemente me quedé en el auto con él. Supongo que yo soy quién tenía que estar más agradecida. —Escucha, siento mucho lo que viste en el callejón, ese no soy yo, no era yo. No soy así lo siento mucho estaba fuera de control, ese tipo te iba a golpear y yo... —Tranquilo —interrumpo—. No tienes nada que sentir, en realidad, yo, en serio —tartamudee—. Muchas gracias, no sé cómo agradecértelo —me sonrojo al decir esto, ni siquiera pensé antes de abrir la boca. Nunca me he sentido tan apenada en mi vida y yo dije "En realidad, yo, en serio" atropellando mis palabras y con la voz más temblorosa e insegura que había usado jamás. ¿Qué pasa contigo, Reeva? Me reprendo mentalmente cuando veo que él me observaba. Se acerca más a mí lentamente, tanto que nuestras respiraciones chocan. —Tengo una idea —murmura y puedo jurar que note un atisbo de sonrisa en su rostro. —A pesar de todo lo que hemos pasado está noche no me he presentado —digo, cortando nuestra cercanía—. Soy Reeva Williams. Una expresión desconocida cruza por su rostro al escuchar mi nombre, quizás por lo inusual que resulta, ignorando su gesto extiendo mi mano ofreciéndole una sonrisa amable, y por alguna razón él sonríe de vuelta, esta vez su sonrisa es pura y sincera. Nada de sonrisas moja bragas que te hacen suspirar, aunque claramente esta te haría suspirar sin darte cuenta. Su mano se desliza con la mía. Siento un zoológico dentro de mí y espero no ser la única en sentirlo. —Alen, Alen Leblanc. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD