Los gemelos Rogers no apartaban la vista de Linda, analizándola con cada segundo que pasaba. Ahora que los niños se habían ido a dormir, no había más distracciones, solo ellos tres y la tensión que flotaba en el aire. Linda se cruzó de brazos, tratando de mantener su compostura. —Díganme algo —dijo con tono serio, clavando su mirada en ellos—. ¿Se casaron? Lucio y Lucas intercambiaron una mirada rápida antes de volver a enfocarse en ella. —No —respondió Lucas con calma. —¿Y qué ha sido de sus vidas? —insistió Linda—. No voy a permitir que mis hijos estén bajo el cuidado de quién sabe qué brujas. Lucio dejó escapar una sonrisa ladeada. —¿Bajo el cuidado de quién, muñeca? No hay ninguna bruja en nuestras vidas. Lucas apoyó un codo en la mesa y la miró con diversión. —Estamos soltero

