Después de llamar al servicio de emergencias y asegurarse de que aquél chico que estaba recostado en el coche no se iba a mover, Jackson se bajó con mucho cuidado. Sus ojos bien abiertos no se apartaron del sujeto que estaba inmóvil entre el automóvil y la pared. Por curiosidad o solo para asegurarse de lo que estaba pensando, el niño se acercó de manera cautelosa y la respiración se le atascó en la garganta. El chico que estaba frente a él estaba muerto, un rastro de sangre se iba formando en el coche de su madre que caía de la boca entreabierta del chico. El color azul de sus ojos había sido absorbido casi en su totalidad por la oscuridad de la muerte y todo aliento de vida se había ido sin que pudiera hacer mucho al respecto. Jack escapó de ahí. Era una tarea difícil entrar a la casa n

