Ella abrió los ojos como platos y, sorprendida, me preguntó si hablaba en serio. Con toda la seguridad del mundo —que, cabe destacar, no sé de dónde salió—, le dije que sí, mintiéndole y sin pensar en las consecuencias que esto traería. —¿Cuándo lo llevarás a casa? —preguntó casi enseguida. —Es muy pronto. Apenas estamos saliendo. No quiero que salga corriendo cuando las conozca a ti y a Sky —respondí sonriendo. —Buen punto. Prometo que no volveré a meterme en tu vida amorosa. —Más te vale cumplirlo, porque si vuelves a romper tu promesa, me voy y no habrá más oportunidades. No volverás a saber de mí —dije seria. Necesitaba que me tomara en serio, así que amenacé con algo que ella sabía que podía cumplir. Se quedó lo suficientemente sorprendida por lo que acababa de decirle y asintió

