Contuve la sonrisa de victoria, pero una media sonrisa se me escapó. Por debajo de la mesa, tocando el pie de Ryan, le agradecí por no haberme mandado a la hoguera. Unos minutos después, mi madre se disculpó para ir al tocador. Cuando la perdí de vista, le pedí disculpas a Ryan. —Perdón, perdón mil veces por meterte en esto. En serio, estoy muy avergonzada. Él negó con la cabeza y, tomando mi mano, me sonrió. —No te preocupes, Rachel. Haría lo que fuera por ayudarte. —Perdón por no habértelo dicho antes —suspiré—. No encontré el momento perfecto, pero gracias por seguirme la corriente. —Siempre que pueda ayudarte, lo haré. Aunque, ¿puedo saber a qué se debe todo esto? —Digamos que... problemas familiares. Mi madre no para de meterse en mi vida y necesitaba una coartada para c

