**Capítulo 15 – El agujero** Faltan dos días, ¡pero quién cuenta! Casi puedo saborear la libertad desde aquí. O quizás era una tortilla lo que casi podía saborear. Ursa estaba al teléfono hablando con la floristería y preparándose un desayuno tardío. Miré de reojo la tortilla: estaba rellena de jamón, salchicha y verduras. Justo como las preparaba antes para mi padre. Yo volvía a estar de turna de platos, lavando los del desayuno. Ursa había estado tan ocupada preparando la ceremonia que no me había dado ni una sobra en los últimos cuatro días. Si no hubiera sido por Max, el cachorro y yo estaríamos muriendo de hambre. Ursa se giró para coger un plato para su tortilla y terminó la llamada. —Ay, ¿la pequeña mestiza tiene hambre? —se burló de mí. Solo dos días más, me recordé. Dos días m

