CAPÍTULO VEINTICUATRO Ya sabía que todo le había resultado muy fácil hasta este momento. Hubiera sido ingenuo por su parte creer que podía continuar a este ritmo. En algún momento, se iba a encontrar con algún obstáculo. Y mientras observaba a la pareja que se estaba apeando de un coche desde el ventanuco de su cobertizo, vio ese obstáculo. ¿Cómo no había previsto esto? Por supuesto que una mujer no iba a venir a esta parte de la ciudad sin alguna forma de protección. Y en este caso, la protección era un hombre, aunque, a decir verdad, no daba ningún miedo. Era bastante bajito y un poco rechoncho. Mientras él y la mujer se aproximaban al cobertizo, el hombre miró a su alrededor con desconfianza. Dijo algo y los dos se echaron a reír con nerviosismo. Antes de que pudieran imaginar que ha

