*El mismo día que iniciaron el viaje* Víctor Medina salía sonriente y feliz de su mansión en una calle adinerada de la ciudad. No necesitaba un jardín ni parafernalias, le bastaba con que fuera lujosa y atractiva a la vista más por dentro que por fuera. Vestía un vistoso traje italiano de un color rojo apagado similar a la sangre y había peinado su cabello hacia atrás, aparentando aún más ser un hombre exitoso allá por donde fuera. Caminó cerca de veinte minutos hasta una joyería, donde trabajaba la persona a la que estaba buscando. Al entrar, ignoró por completo a las clientas que se le quedaron mirando, algunas con intenciones de hablarle. Era atractivo, y sus ojos agresivos y distantes lo hacían aún más popular, aunque no le interesaba en absoluto una mujer que no tuviera nada que

