La habitación se encontraba a oscuras. Enzo comenzó a quitarse la ropa mientras seguía besando a Sarah. Ella le desabrochó el cinturón y desabrochó su pantalón. —¿Estás segura de esto, Sarah? No necesitamos precipitarnos. —Deja de preocuparte y quítame la ropa. Obedeciendo, entre besos y caricias, ambos acabaron desnudos sobre la cama. Enzo comenzó a lamer el cuello de Sarah, e iba bajando por su pecho, su vientre y continuó hasta llegar abajo. La chica se estremecía de ese placer que jamás había sentido. Agarraba el pelo de Enzo mientras su lengua hacía maravillas. —Dios, Enzo… ¿Esto se tiene que sentir tan bien? —Sería malo si no lo sintieras así —rió—. Seré cuidadoso, así que sólo relájate. Enzo se incorporó y se puso sobre Sarah, levantando sus piernas y echándoselas sobre h
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