Después de escuchar aquella grabación, todo lo que Emily pensaba de su jefe había cambiado, ya no le parecía un amargado. Ahora lo veía como un hombre solitario y necesitado de amor. Emily deseaba no haber escuchado la grabación, porque notaba la mirada discreta de su jefe sobre sus caderas y la forma en como la miraba sonreír. Cada vez que Alexander la llamaba a su oficina Emily sentía su corazón saltar en su pecho. Aunque al volver a su escritorio después de ser tratada con desdén, Emily se reprochaba su manera de actuar. "¡Ufff; debo estar loca al pensar que un hombre como él puede cambiar y convertirse en un ser amable y agradecido! El señor Blake tiene de caballero lo que Mufaza tiene de perro" Alexander siempre lograba sacar de sus casillas a Emily. Lo que vivían en esa oficina

