Rubi se balanceaba en el aire, suspendida por cadenas oxidadas que se oponían a su frágil resistencia. La oscuridad de la habitación, en ese momento con sus cortinas cerradas, se cernía sobre ella, y los retorcidos susurros de su tormento resonaban en su mente estremeciendo su cuerpo. Había perdido completamente la noción del tiempo que había pasado desde que estaba allí. Solo recordó haber despertado en ese horrible lugar, drogada y desorientada, y con una sensación nauseabunda en su boca y garganta. Al abrir los ojos, reconoció el lugar como aquel al que tanto le temía: la misma celda en la que Rasmus la había encerrado la primera vez que la apresó. Habían pasado muchos años, pero aún reconocía el hedor. Recordó momentáneamente la generosidad de la hembra que la ayudó a liberarse ant

