La arena resonaba con los vítores y aclamaciones de los asistentes de ambas manadas, creando un ambiente cargado de emoción y anticipación. Sergei se sentía transportado a otra época, como si estuviera inmerso en un combate medieval de proporciones épicas de esos de caballeros medievales que había leído hacía tanto tiempo en sus libros de texto. Misha, su hermano, estaba a su lado, respaldándolo con su presencia sólida y su apoyo inquebrantable quizá, por primera vez en toda su maldita y jodida existencia. Había pasado los últimos días en el castillo, conociendo a la familia de la princesa y preparándose para ese momento crucial, y al igual que Sebastian (que había insistido en estar en la arena), estaba allí apoyándolo con su silenciosa presencia. El mayor de la tercera manada, que actu

