Capítulo 11

567 Words
*** 25 de mayo, 2017 Querida Moon... Está muerta... Esta mañana al despertar un extraño escalofrío se filtró por mis huesos. Mi día había sido monótono igual al anterior, y el anterior, y el anterior. Nada fuera de lo común.. Hasta que volví a casa y un silencio ensordecedor me golpeó con fuerza. No había nada más, sólo eso. Silencio sepulcral, nítido y sofocante. Nada había cambiado en la casa. Las paredes seguían marchitas, y el aire conservaba su habitual olor acre, sólo que más espeso de lo normal. Llamé a Grace con voz temblorosa, algo no andaba bien, algo me lo gritaba. Sin embargo, decidí ignorar las voces que gritaban que no todo era tan tranquilo como se veía. La tranquilidad no siempre es sinónimo de que todo está bien... Subí las escaleras. Y fue cuando la encontré. Su cuerpo flotaba sin vida en la bañera de su propio baño. Tenía los ojos abiertos y sus pupilas estaban totalmente vacías. Me acerqué con cuidado. Tenía miedo, no podía verla así. Mi madre se había ahogado y no tenía idea de cuanto tiempo llevaba así. Se había quedado dormida, estaba borracha... Eso me explicaron Sólo de eso podía estar segura. Yo... no sé cómo sentirme al respecto. Me desvanezco, Moon... Romina (24 de marzo) Romina. La fría pared de la habitación donde me tienen reclusa se pega a mi espalda, mi piel hormiguea y mis ojos hinchados escuecen. Mi nariz está seca y pegajosa. Llevo mi uniforme de la escuela y mi bolso descansa a escasos centímetros de mí. Acabo de salir de shock, o eso creo. Lo último que recuerdo es haber mirado a un cadáver a los ojos y luego ser tomada de los hombros por alguien más. Ver su cuerpo inerte, sin un suspiro de vida será una imagen que vagará por siempre en mis sueños. ¿Cuanto tiempo tendría así? ¿Horas? ¿Días? Soy ajena a cómo llegue aquí, o cómo la policía llegó a mi casa. Me imagino a mí misma llorando en el suelo al lado de su cuerpo blancuzco y desabrido a costa de el agua. Aún no lo creo, y temo que mi mente quedó en trance. Simplemente no podía creerlo. Mi mente se negaba a creerlo. Mi madre ya no estaba. La muerte se aferró a su cuerpo cual sanguijuela a la piel. Tomando de a pequeños sorbos su vida, hasta exprimirle, hasta dejarle sin nada. Mi madre se quedó dormida en su bañera, murió sin ser consciente de cómo su luz se extinguía, con tal lentitud, que de apoco los segundos se volvieron horas, y los minutos años. El reloj de pared sobre mi cabeza no detiene su tic, tic, mientras avanza dejándome atrás, pérdida. Ya son las 4:20 am, el tiempo ha pasado mientras yo intento explicar cómo me siento. Aún no sé qué pasó. ¿Cómo fue? ¿Qué sucedió? No tengo idea de cómo llegue aquí, recuerdo sostener mi diario entre mis brazos, pero para cuando la noción del tiempo volvió a mi, ya estaba encerrada en este lugar. Soy plenamente consciente de que he llorado, mis mejillas se sienten pegajosas debido al rastro de las lágrimas en ellas, y llegán hasta mi mentón. Tengo las manos temblorosas, la garganta hecha un nudo y las mejillas empapadas, no sé qué hacer, no tengo idea de a quién acudir, estoy sola. Esta vez definitivamente.
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