Capítulo 4: Una Amistad inesperada, y un amor secreto.

1972 Words
Sara. Varios días han pasado desde que me topé con mi ex esposo en aquel bar y que su hermano mayor Dániel se hizo socio del bufete, ocasionando que mis nervios se crispen como también que mi centro se contraiga no más recordando lo grande de sus manos y largo de sus dedos. Apenas imagino que cosas podrá hacer con ellas, me provoca un espasmo en mi centro que luego me cabrea porque no debería sentir nada por ese hombre. Pero lo cierto es que la atracción s****l entre nosotros, y por lo tanto lo he estado evadiendo. Lo bueno de todo esto es que como ha habido bastante trabajo, pues me es más fácil evadir la tentación que lleva por nombre. Dániel Scott. El día de hoy me encuentro mucho más temprano en la oficina porque como dije he tenido mucho trabajo, y el cual anoche no pude terminar. Así que lo termino en este momento, no me gusta dejar trabajo inconcluso porque se me acumula. Y la idea es terminar todo en la semana para poder pasar un fin de semana libre de pendientes. El estómago me gruñe mientras corrijo una propuesta, recordando que aún no he desayunado. Y como me conozco sé que debo comer antes de que me ataque el dolor de cabeza. Cuando me ataca el dolor de cabeza también me dan náuseas, así por esa razón es que me levanto de mi puesto detrás de mi escritorio. Tomo mi cartera de mano y salgo de mi oficina con paso ligero. Me dirijo al ascensor para bajarme en el piso de la Cafetería. Bajo tres pisos me quedo en el piso tres, y me doy cuenta que el lugar está solo. Me acerco a la cocinera Marie que al verme me sonríe, ella es una señora de cincuenta años de tez blanca, ojos marrones con un brillo afable que hacen que inmediatamente todos le caiga bien a esta mujer. —Buen día Marie, ¿Cómo está? Huele delicioso—Saludo contenta a la mujer mayor que me sonríe. -Buen día Sarita, al parecer llegaste temprano hoy mi niña —Responde Marie con cariño a la Pelirroja que sonríe. —Tengo demasiados pendientes, así que decidí venir más temprano para que me rinda mejor —Explico amena, mirando como ella tomaba dos media luna con café con leche. Adoro a esta mujer que me conoce muy bien, y sabe que amo la media luna junto con el café con leche para desayunar aquí. Marie tiene un don increíble a la hora de cocinar cualquier cosa. Yo la envidio porque a mi se me quema el agua hervida. Ella me entrega la bandeja con mi desayuno, solo que al oírla suspirar cosa que me hace verla extrañada. —Aay Sarita ese hombre es un bombón, que ojazos azules se carga ese monumento —Alega Marie maravillada, logrando que la Ojiverde se gire para ver cómo su gesto sereno pasa a ser tenso. —Buen señoritas, ¿como están? Están preciosas —Habla la voz ronca del hombre lo que consigue que ambas féminas les recorran una electricidad placentera. —Buen día señor Scott, yo estoy bien, y usted pues se nota lo bien que está...¿Le sirvo su café n***o? —Suelta la cocinera jocosa, obteniendo que tanto el Moreno como la Pelirroja dan un jadeo de sorpresa para luego reírse. —Eeh, al parecer olvidas traer el filtro hoy Marie, en fin me iré a comer, todavía tengo mucho trabajo que hacer, me voy a seguir—Destaco con diversión obligando a ignorar al atractivo Moreno a mis espaldas. Me cuesta bastante no detallar como le queda de ajustado aquel traje de tres piezas n***o. Tiene bíceps grandes y cintura estrecha. ¿Tendrá vello en su pecho No vayas por ahí nena. Le hago caso a mi conciencia, pero es inevitable no sentir atracción por ese Dios griego de piel morena y ojos azules. Joder este tipo es candela pura. Y es por esa razón que estoy evitando porque si se me acerca estando sola con él, estoy segura que arderíamos con fuerza. Porque algo me dice que ambos Somos Fuego... Me alejo de la barra de la cocina ignorando olímpicamente al Moreno que sin ningún disimulo no aparta sus ojos de mí. Echo que me inquieta, ya acepté que soy débil ante su cercanía. Lo que debo hacer ahora es tratar que el desgraciado se dé cuenta. Sé que es algo difícil pero igual le haré la lucha para no caer en ese abismo del que me costo un año y medio luego de mi divorcio con Diego. No sé si podría sobrevivir si ahora Dániel me lastima. Sacudo la cabeza mientras me siento en una de las mesas. Le doy un mordisco a mi media luna cuando un carraspeo me hace levantar la mirada. Es Dániel, y me está mirando con sus posos azules de una manera que me pone los nervios de punta. —Sara, ¿se puede saber si te hice algo malo para que me estés evadiendo? Porque no entiendo —Pregunta Dániel directo, admirando como la joven se remueve sobre su asiento y más tarde suspira. —No, no me hiciste nada...Solo que prefiero no tratar con nadie que pertenezca a la familia Scott, ni ahora ni nunca —Confieso seria. Avistando el gesto de irritación en el Azabache. —No es nada contra ti, soy yo quien quiere que te alejes porque si tengo razón, todos los Scott son sinónimo de problemas —Agrego contundente notando que él tensa la mandíbula pero de igual manera se sienta en el asiento libre en mi mesa. Detallo como pasea sus dedos por su abundante melena negra en gesto de exasperación, y a mi me entran ganas de tocarlos para descubrir que tan suave son. —Yo no soy Diego y me molesta de sobre manera que me compares con mi hermano... Creo habértelo dicho hace unos días atrás —Reitera el empresario serio, obteniendo que la Pelirroja se muerda el labio inferior dudosa. —Siento mucho si te ofendí pero creo tener razones para tener aversión a todo aquel que pertenezca al apellido Scott...Diego me destrozó en su momento —Me disculpo apenada. Mirando al suelo un segundo para luego enfocar mis ojos en los suyos tan azules como el mar. —Así que es normal que contigo me quiera proteger, escucha Dániel lo que por ahora lo único que puedo ofrecerte es mi amistad, y ni siquiera puedo asegurarme si podria pasar algo más en un futuro —Enuncio con sinceridad, notando que sus ojos azules brillan y a mí se me salta un latido porque joder el hombre está buenísimo. —Acepto... Empezaré porque seamos amigos, y de mi cuenta corre a ser algo más. Que tengas buen provecho Sara —Accede Dániel emocionado para luego recibir el café que Marie le tendió y él le agradece para retirarse. Mierda ¿y ahora que? Algo me dice que ser amiga de Dániel será una completa tortura porque siendo sincera nosotros nos atraemos el uno al otro como polilla a la luz. Por lo que me digo a mi misma que tengo que ser fuerte, y tratarlo como lo que es ahora. Mi amigo. Aunque ciertamente mi subconsciente quiera todo lo contrario.... Ryles. Mi vida no puede ser más perfecta puesto que por fin luego de años logré ser la contadora principal de la compañía de la cual he trabajado desde que me gradué. Y esta se llama Spears&Inmobiliaria, donde el dueño es el padre de mi mejor amiga Sara me dió la oportunidad de oro. El señor Anthon Spears es un atractivo hombre de unos cuarenta años que aparenta unos treinta y cinco por lo tan bien conservado que él se mantiene. Su piel es blanca de ojos verdes, y pelo n***o veteado de blanco que le da un aire elegante como de sabiduría, junto con un cuerpo musculoso. Sí, me gusta el padre de mi mejor amiga, pero ¿a quien no? Sí, ese hombre es toda una obra de arte, Anthon es como el mejor vino, entre más viejo más sabroso. No soy la única que suspira por él aquí, yo soy una más del montón. Él me conquistó sin proponérselo, pero fue inevitable puesto que Anthon miró más allá de mi apariencia de muñeca Barbie, y me dió la oportunidad de probar mi intelecto. Eso ayudó también a aumentar mi amor por ese hombre. Incluso puedo decir sin temor que siento algo mucho más fuerte por él, y saberle imposible me lástima. Sé bien que él tiene sus amantes bajo cuerdas, y eso solo me hace daño porque lo quiero para mí. Dios que lío tan grande tengo ahora. Mira que enamorarme del padre de mi mejor amiga es una locura, pero ¿quién mierdas manda en los sentimientos? No yo. Es que fue inevitable enamorarme de ese hombre, ya que él es tan guapo y tan caballero que fácilmente caí redondita por Anthon Spears. Espero que Sara jamás se entere de mi amor por su padre, sé bien lo celosa y posesiva que es con él. Cuándo éramos adolescentes varias novias le corrimos a su papá, yo la ayudé en varias oportunidades. Anthon quedó viudo siendo muy joven, la madre de Sara, Sonia Spears murió en un accidente automovilístico cuando ella apenas tenía ocho años. Y desde ese momento teniendo solo ocho años me deslumbré por él, y la cosa fue evolucionando al pasar los años hasta terminar como lo estoy ahora. Enamorada de mi jefe que me lleva casi veinte años. Yo apenas tengo veinticinco años. Continúo mi trabajo pendiente de que todo cuadre con lo demás. Hoy en específico me siento algo aletargada, creo que me voy a enfermar. Y como no, el fin de semana solo bebí y al salir fuera del bar estaba lloviznando. Eso enferma a cualquiera. Por lo que decido ir a la enfermería por un ibuprofeno que me quite el malestar corporal. Camino evadiendo a los demás trabajadores. Unos manejan la indumentaria y otros se acomodan en el almacén. Yo llego a la enfermería y toco la puerta donde una voz femenina me da el pase. Yo ingreso en el cubículo donde para mi sorpresa hallaré dentro al dueño de mis deseos. Anthon Spears quien me mira con preocupación. Miro de él a la enfermera de nombre Stacy la cual es contemporánea con mi jefe y sé que los dos andan en algo. Joder esto es cuchillo para mí garganta. —¿Ryles estás bien? —Cuestiona el hombre preocupado acercándose a la Rubia tomando el rostro de ella con sus manos inspeccionándola. —Eeh, sí, gracias... Solo vine por un ibuprofeno y vuelvo a mi puesto. Que tengan lindo día—Digo incómoda apartándome de su toque y su embriagante perfume masculino. Noto que él me mira extrañado con mi actitud pero no puedo hacer nada, es mejor alejarme de él. Si pongo distancia es posible que lo olvide por fin. —Ooh, entiendo...Entonces te doy el día libre para que descanses y mañana estés mejor —Articula Anthon sereno ante la Rubia que le asiente. —Gracias. Stacy me da la pastilla de Ibuprofeno y me la bebo con un vasito de agua. —Bueno iré a casa, hasta mañana que tengan feliz noche —Culmino con una sonrisa falsa y salgo de ahí. Y esta vez salgo de ahí con la intención de olvidarme de ese hombre. Ya no puedo seguir sufriendo por él, el verlo tan cercano a esa mujer me terminó convenciendo de que es mejor olvidarlo porque sino iba a sufrir mucho. Llegó la hora de olvidarte Anthon Spears. Quien sabe si conozco al amor de mi vida, todo está en el tiempo....
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