Sara. A pesar que ya estaba de mejor humor luego de obligarme a comer algo y darme una ducha relajante, todavía me sentía molesta con él. Aunque él en realidad no me debe fidelidad puesto que somos un matrimonio de puro papel. Recordar eso me hace tener un dolorcito en el pecho que intento obviar. En estos momentos me encuentro aplicando me crema en los brazos cuando todo mi cuerpo se tensa al oír que alguien toca la puerta. Sé que Mirella la señora del servicio que se queda hasta las seis dejándonos la cena lista. Ella se fue hace una hora atrás, eso quiere decir que es Dániel. Oigo que la puerta es abierta por lo que me obligo a mantener la calma. Armando me de valor me doy la vuelta para ver lo así tan guapo y varonil como siempre. Con su traje de diseñador ajustado a su cuerpo

