Con la crisis nacional de esos años, las ventas bajaron y el Sol ya no era rentable. Mi mamá seguía con la pierna mala y cada vez que teníamos crisis económicas el dolor se le incrementaba y con el dolor venía la amargura y su carácter se le agriaba al grado de no querer vernos. Empezamos la escuela, éramos las nuevas y nadie creía que éramos hermanas. Mi hermana se parecía a mamá y yo, supongo a mi papá. Aunque siempre me lo decían, solo en ese entonces fui consciente de que era cierto. En mi curso había un chico moreno lindo. Se llamaba Carlos. Lo que me gustaba de él era el brillo en sus ojos, parecía que todo lo que veía era mágico, y pues, cuando me miraba a mí, por cualquier casualidad, me hacía sentir especial. No era solo eso lo que me gustaba de él, era amable, aunque lo sabía

