En esas vacaciones, la pasaba mayormente con ellos, nos reuníamos en casa de Miguel, que era la más grande y en la que se podía estar sin que algún adulto venga a meter sus narices. Una vez que estábamos aburridos tuve la brillante idea de jugar a la botella. —No sean aburridos. Les garantizo que será divertido. Pero al final, Beto y Carlos, tenían que irse, y al final nos quedamos Micky, Manu y, claro que yo. —¿Entonces le van al juego de la botella o no? Qué maracas que son… —Ok, me apunto… —Yo también, pero sin trampas eh… —apuntó, Manu. —Vos siempre desconfiando de nosotros… —me quejé, aunque a decir verdad, a veces tenía razón. Micky trajo una botella de cerveza vacía y comenzamos a jugar… —¿Secretos o penitencia? —pregunté. —Ya, pero secretos buenos no tonterías… —aclaró Ma

