Will abrió la puerta de la oficina con fuerza y se estrelló contra la pared. Todos levantaron la vista de sus computadoras y lo miraron, habían unas cuantas mesas ocupadas por funcionarios. No dijo nada, simplemente se sentó en su escritorio y se inclinó ante el monitor de la computadora para que nadie pudiera ver su rostro. Laura no estaba por ningún lado en ese momento, lo cual estaba bien para él.
Podría no importarle, es más le importa un carajo si nunca la vuelve a ver. Lo que había hecho no tenía razón de ser. Quería hacer enojar a Annie y eso no se lo podía perdonar, bueno, al menos haría el intento de no hablarle por un buen rato.
Los rumores corrían muy rápido en la estación de policía, así que no dudaba en que ya algunos supieran del terrible acontecimiento en el que estaba envuelto. Sin duda Laura no era muy bien vista por tener las mejores relaciones del lugar. Así que se sentía un poco mal humorado por haber tenido que enfrentarse a esa situación.
Jake estaba furioso, pero Will podía manejar su enfado, enfado que no podía manejar si Annie lo miraba como un traidor. Como alguien que se había equivocado que ni siquiera se acordaba de lo que había sucedido en su casa. Pero que estaba seguro averiguaría en algún momento para aclarar toda la situación.
Una vez sentado frente a su computador, comenzó a leer su correo electrónico, cualquier cosa haría de tal manera que quisiera apartar de su mente las últimas veinticuatro horas, no quería recordarlas eso lo hacía enfadar aún más o sentir más culpa de la que tenía en ese momento.
Quería hacer las paces, pero no sabía si podría, porque Annie no respondió a ninguna de sus llamadas. Muchos fueron los intentos pero nada, no obtuvo respuesta alguna de su gran amor. Le dejó algunos mensajes pero no fueron respondidos, algo de lo que ya suponía que sucedería conociendo a Annie ella estaría así por un largo rato, o hasta que supiera toda la verdad de lo ocurrido.
Llegó una carta de Grace Marshall, una perfiladora de Caracas a quien contrataron para ayudarlos a encontrar al asesino final. Ella le escribió sobre las maravillas de la elaboración de perfiles geográficos y cómo acababa de ayudar a descubrir una serie de violaciones en el área central, se estaba apoderando de la zona en descubrir ese tipo de casos.
Por lo que también anunció que iba a tener unas vacaciones de dos semanas y que planeaba ir para visitarlo a él y a Annie, una gran amistad resultó de haber trabajado con ellos en esa oportunidad además quería conversar con ellos de los últimos detalles de los casos nuevos que estaban sucediendo en la zona. Así que tenían que estar preparados para su regreso.
Will consideró pedirle consejo sobre la mujer encontrada en los terrenos de la iglesia ayer, pero Grace probablemente habría cancelado sus vacaciones y no quería obligarla a hacerlo, quería esperar a que ella llegara para discutirlo personalmente.
Aunque pensándolo bien ellos mismos deben resolverlo sin ninguna ayuda externa. Solo esperaba que no hubiera más víctimas, pero si se encontraba otro cuerpo, no esperaría y la atraería, le pediría que los ayude. Nunca querría tener otro montón de c*******s, un asesino en serie en esta ciudad es suficiente, y no querían otro, así que tenían que comenzar a investigar a fondo sobre eso.
Al escuchar un movimiento, miró hacia arriba para ver a Stu y Laura susurrándose entre sí. Ella debió haber retrocedido porque él no la había notado. Él asintió con la cabeza hacia ellos, ambos sosteniendo cuadernos que lograban ponerse en frente de la boca, como para que nadie se diera cuenta de lo que hablaban.
—Sargento, ¿le importa si Laura y yo volvemos a visitar algunas casas al lado de la iglesia? Veamos si podemos encontrar a alguien que haya estado ausente de casa antes—.
Will asintió de nuevo, incapaz de decidirse a hablar. En cuanto a él, podían conducir incluso para maldecir al pool por algodón de azúcar y pasear por la plaza mayor o el parque de diversiones, siempre que no tuviera que mirarlos. Se echó hacia atrás, puso los pies sobre la mesa, luego puso las manos detrás de la cabeza y cerró los ojos, por un instante visualizó la cara de Annie.
***
Veinte minutos después de la espantosa pelea, Annie finalmente formalizó a su detenido. Continuó roncando fuerte en la parte trasera de la camioneta y ella tuvo que sacudirlo para despertarlo. Él parpadeó, mirándola: — ¿Qué, dónde estoy? —. Dijo como si no se acordara de lo que acaba de hacer.
—Vas a estar encerrado en tu celda de nuevo, Peter—. Ella enfatizó nuevamente que lo había arrestado dos veces este mes. Por suerte esta vez tendrían que aplicarle alguna de sus demandas y dejarlo por un largo periodo allí adentro.
— ¿Por qué? —. Dijo el hombre enfadado
— A qué te refieres con, ¿por qué? ¿Por qué lo arrestaron las dos últimas veces que nos vimos? —.
— Oh, sí, lo olvidé—.
Ella negó con la cabeza con disgusto. —No puedes simplemente olvidar que regularmente envenenas la vida de alguien. Le echas a perder su día o su noche, y pretendes que nadie te haga o te diga algo—.
Ella lo ayudó a salir de la jaula y lo condujo hasta la puerta, que se abrió con un clic. La puerta interior del centro de detención sonó y entraron a una pequeña habitación donde pasaron por el proceso de registrarlo hasta el juicio de mañana. Una vez que se hizo el papeleo y Peter estuvo encerrado a salvo en su celda, Annie partió para encontrar a Jake.
Asomó la cabeza por la puerta de la oficina de los asistentes públicos, estaba vacía. Como en el salón de actos. Por supuesto, Kav apenas lo sermoneaba todavía. Sin querer realmente encontrarse con el sargento cara a cara, pero sin saber qué más hacer, entró en su oficina, donde él se sentó solo y leyó el periódico.
—Um, sargento, ¿dónde está Jake? ¿Está bien? —. Sintió el desayuno que había comido antes, rodando dentro de ella.
—Lo envié a McDonald's para compensar su mal comportamiento—.
Ella exhaló un suspiro de alivio y él señaló una silla vacía contra su escritorio. — Siéntate y no te preocupes. ¿Qué crees que iba a hacer, no enviarlo al inspector? Tengo la sensación de que Jake tenía una buena razón, pero no le digas que lo dije—.
—Gracias, estoy segura de que él piensa que sí, y es muy bueno defendiendo mi honor, pero a veces prefiero vivir sin todo este drama. Es agotador ¿sabes?—.
Kav asintió. —Supongo que sí. Sin embargo, basta de eso, ¿cómo estás? ¿Cuéntame cómo va todo?—.
—Ha sido peor, cada día los últimos días han sido agotadores—. Los recuerdos de cómo estuvo en el hospital el año pasado llenaron su mente. —Cómo me gustaría poder llevar una vida sencilla lejos de todos los problemas. ¿Quizás debería empezar a hacer ramos? Comenzar otra vida, tal vez lejos de aquí—.
— Seguramente, es una buena idea, ¿cuántos problemas te puedes meter haciendo bonitos ramos de flores? —.
Ella se rió: —Conociéndome, probablemente mucho. Creo que debería cambiar mi entorno o ganarme la lotería, ambas cosas estarían bien—.
—Entonces podría interesarte, hay un trabajo ultrasecreto en Caracas, un poco lejos pero eso no es problema para alguien que le gusta andar por carretera, además porque sabe cuánta gente le gustaría escapar y trabajar en el corazón del glorioso distrito Capital, tratando con muchos turistas y ovejas ¿No es cierto?—.
— ¿De verdad crees que podría solicitar ese lugar e irme para allá jefe? —.
—Bueno, no puedo prometer nada. Aunque, si hablo en voz baja con la inspectora y le digo que necesitas salir de aquí por el bien de tu cordura, pero más claro por mi bien, es muy posible que acepte. Además, me debe una. Hace un par de semanas, no arresté a su hijo adolescente por vandalismo, por estar ebrio y por tratar de pelear con todos los policías afuera de un nuevo club nocturno donde puedes emborracharte económicamente—.
— Eso sería increíble, irme a vivir a otro lugar me caería súper bien, necesito dejar todo atrás y empezar de nuevo, toda la historia con Will y todos estos casos aterradores me tienen enloquecida, sin poder conciliar el sueño—.
—Sí, Annie, creo que será bueno para ti, así te relajas un poco. Aunque me enfadaré si dejas mi equipo. Después de todo, nadie me brinda tanta emoción o entretenimiento como tú, pero por otro lado, dejaré de preocuparme por la seguridad del cabello que me queda en la cabeza. Estaré de acuerdo en todo, pero si tarde o temprano odias a todos estos turistas japoneses, con sus cámaras perdidas, entonces debes saber que puedes regresar con nosotros en cualquier momento ¿De acuerdo?—.
Annie se levantó para irse y asintiendo la cabeza le dijo. —Gracias, te lo agradezco mucho, Kav—. Salió por la puerta y regresó a la oficina, con la esperanza de esperar a Jake para que pudiera llevarla de regreso a la otra estación para completar la solicitud.
Jake entró poco después, cargando una grasienta bolsa de papel marrón y bebiendo un trago gigantesco de gaseosa.
—Estoy muy interesado en saber cuánta comida puede caber en ti y por qué tu peso aún no ha cruzado la marca de los cincuenta kilos. ¿Qué te dijo Kav? —.
—Me acabo de dar cuenta de que me comporté como un completo idiota y no debería haberme asustado tanto. También agregó que Will es un idiota más grande que yo, a lo que respondí que nunca tuve el honor de evaluar el tamaño de Will en persona. Entonces Kav guardó silencio y, incapaz de encontrar palabras decentes, me envió a buscar comida—.
—Bueno, al menos no tienes problemas serios, agradezco que me hayas defendido, pero, como dije, puedo manejarlo yo misma, así que puedes mantenerte alejado—.
Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y Jake comenzó a rebuscar en la bolsa. — Te traje algo—. Sacó una hamburguesa con queso y se la entregó. Annie negó con la cabeza.
—Sabes que siempre puedes intentar un tipo diferente de relación, tal vez tengas mejor suerte con una chica. Podríamos ir al otro lado de la ciudad para el desfile del orgullo gay los cuatro—.
Esquivó la grapadora, que voló por la habitación. —Bueno, era un solo comentario, solo pensé—.
—Date prisa, tengo que salir de aquí y tomar declaración en la otra estación, así que no perdamos el tiempo—.
Jake se metió el último trozo de hamburguesa en la boca. Todavía estaba bebiendo de un vaso de papel. — ¿Quieres un poco? Este es un batido de chocolate, tu favorito—.
—No, gracias—.
—Lo que digas, pero apuesto a que te sentirás mejor de inmediato—.
Salió de la oficina con Jake, con la cabeza inclinada y se dirigió directamente al pasillo en caso de que alguien estuviera mirando. Annie no quería molestarse con una conversación cortés. Ella nunca volverá aquí hasta que termine todo lo del papeleo.
***
Sean estacionó el Ford Focus en el estacionamiento frente a la estación de policía justo a tiempo para ocupar los asientos de la primera fila para la pelea que acababa de comenzar. De hecho, debería haber intervenido y separarlos, pero disfrutaba demasiado la vista. Realmente sintió pena por Annie. La pobre no tuvo mucha suerte con los hombres. —Qué similar a mi relación con las mujeres—, se rió entre dientes.
Sean estaba apostando por Jake, y definitivamente no quería estar en lados opuestos con él, se asustaba de la ira. Sean ha trabajado con Jake lo suficiente como para verlo en acción. Tan pronto como pensó en salir del auto, Kav intervino, aliviándolo de sus problemas.
Sean no tenía ninguna duda de que la arrogante zorra Laura era la causa de la pelea, porque había escuchado a dos oficiales cotillear en el salón de actos esta mañana antes de la sesión informativa. A Sean nunca le había gustado, bueno, para ser exactos, desde la última noche de Navidad. Luego le compró un par de copas y pensó que todo iba bien hasta que apareció Will. Pasó el resto de la noche dando vueltas alrededor de Will e ignorándolo por completo. Sean odiaba a las mujeres así, y una idea comenzó a formarse en su cabeza.
Prefirió quedarse en el auto hasta que todo se calmara, y luego, cuando estaba a punto de irse, su radio crepitó y el despachador anunció la llamada. Arrancó el motor y salió del estacionamiento para conducir hacia el otro lado de la ciudad, porque un grupo de niños de diez años estaba jugando al fútbol en la carretera.
Juegos que solían hacer los niños luego de ir a la escuela, pero que en ocasiones se trataba de competiciones dónde los niños apostaban sin autorización de ningún adulto. Así que se tenía que vigilar a estos grupos de niños para que no cometieran alguna otra cosa terrible.