La oscuridad que me envuelve

1307 Words
- ¿Raul? - No logro ver nada, por más que me esfuerce mis ojos no ven nada, ¿Esta es la verdadera oscuridad? - ¡¿Catalina?! - Esa parece ser la voz de Itán. - ¡¿Sí?! - Contesto algo precavida, los entes suelen ser tramposos en tus momentos más vulnerables. - Soy Itán, pero no puedo verte, apenas te escucho, ni siquiera puedo sentir tu aura - Responde Itán muy abrumado, pero para que un lobo no sienta mi aura, esta todo mal. - Tranquilo, hay algo, pero no logro descifrarlo - Le digo cautelosa, aunque hay un bloqueo para mis poderes aún sigo sintiendo algo muy liviano. - Mantente alerta - Me advierte Itán, definitivamente es Itán. - ¿Aún puedes tener vínculo con Raul? - Es muy débil, se siente como si él estuviera atravesando una gran tristeza - Resume Itán. - Sí, también la siento - Confirmo su suposición, a diferencia de otras personas, los lobos de cada persona pueden sentir exactamente lo mismo que siento yo, es como si en mi vida pasada yo era un lobo y no la parte humana, pero en esta me tocó ser la humana. Son suposiciones qué me hago de vez en cuando. - ¿Cómo se siente ser así? - Itán baja la guardia, le esta afectando la tristeza de su compañero, las personas tristes reflexionan mucho, crean distintos escenarios donde puedan encontrar consuelo o más dolor del que cargan. - ¿Qué cosa? - Me hago la desentendida, pero camino con cautela usando mis manos por si logro palmar algo. - Diferente, frágil y poderosa a la vez - Raul suelta con melancolía, pero parece que eso que está aquí con nosotros se deja ver. - Es mi destino, supongo, sigue hablándome - Le pido una vez logro ubicar a mi objetivo. Camino despacio hacia mi derecha donde lo siento observándome, no quiero que se alerte así que finjo que no he notado nada aún. - Es que ahora me siento muy triste - Hace una pausa, ¿Está llorando? - No lo entiendo, estábamos muy feliz por la llegada de nuestra cachorra, ¿Por qué de repente me siento con un deseo profundo de morir? - No lo sé, pero... - Me abalanzo encima del sujeto en cuestión, es muy alto, nada comparado con mis 1.75 mts, su cuerpo se siente como una estructura dura y formidable, pero me acopla, me siento cómoda. -¿Te gusta lo que tocas, traviesa? - Juro que es la voz más sexy que he escuchado en toda mi vida, me derrito. ¡Contrólate! - ¿Quién eres?, ¿Qué quieres? - Retomo mi objetivo. Siento un breve impulso de risa, su aliento se siente como el aire más refrescante y puro que jamás he sentido, pero su aura es tan oscura y peligrosa, tanto que me atrae. - En este momento solo quiero a alguien de aquí - ¿Quién es este sujeto y por qué me derrite cada entonación de sus palabras? - Los únicos que se esconden son los cobardes - Trato de someterlo, pero ni siquiera coloca un mínimo de resistencia. - Volveré por tí - Se suelta de mi agarre en un dos por tres, me da un beso rápido y desparece; inmediatamente toda la oscuridad desaparece, veo a Itán en un rincón de la habitación. - ¿Qué car4jos fue eso? - Digo aturdida, estoy muy confundida, mi corazón está acelerado como nunca antes lo había sentido, Itán se ve igual de confundido que yo. - Yo... - Titubea - No sé, no sé qué hago aquí, ¿Dónde estoy? - Sacude su cabeza, me le acerco lo más rápido qué puedo. - Calma, calma - Sujeto su cabeza e inclina su hocico dándome cercanía, su corazón está aturdido, pobre cachorro, esta muy confundido. Nos quedamos un momento así, pero la voz de Raul nos saca de nuestro trance. - ¿Itán? - Lo llama con desesperación, supongo que no sentir tu lobo te desestabiliza demasiado, podrías caer en la locura en un abrir y cerrar de ojos. - Te escucho, no te esfuerces, duele - Veo al cachorro encojerse del dolor. - Hay que salir de aquí - Levanto mi mano para que el una su pata, lo hace inmediatamente. Una luz blanca y fuerte se despliega de nuestra unión, regreso a mi cuerpo y puedo sentir a Raul junto con todo su dolor. - Sí Nataly se entera que ves a solas a Itán te va a arrancar la cabeza - Bromea Raul, pesado. - Quiero ver que lo intente - Intenta reír, pero el dolor aún no ha desaparecido del todo. Termino mi conexión con él y se medio levanta - ¿Qué pasa?, ¿Aún te duele? - Pregunto preocupada. - ¡No!, no es eso, no te preocupes. Por cierto, ¡Gracias!, solo... Solo estoy algo confundido - Reflexiona un poco en su sitio. - Todos lo estamos - Sacudo mis rodillas y le extiendo la mano, la toma y se levanta. Echa un vistazo a nuestro alrededor y se fija en todos los heridos que hay, su cara de asombro y pánico es evidente. - ¿Dónde está... - Busca con su cabeza - ¿Dónde está su alteza? - Sabía que iba a preguntar por su bestfriend. - Papá solo regresó por más heridos - Le digo con un tono tranquilo. - ¡¿Volvió al campo de batalla?! - Pregunta un poco exaltado. - Tranquilo, cachorro - Le toco el hombro - Al viejo Rey de Malán no le va a pasar nada, sería la primera persona en saberlo - Le digo tranquilamente, es uno de mis dones. - ¿Cómo vamos a empezar? - Me pregunta a la espera de mis ordenes como si no hubiera estado a punto de morirse hace 5 minutos. - Primero... - Sostengo sus hombros y trato de sentarlo en la banca, me sigue obediente y logro sentar al grandulón como si de un niño pequeño se tratara, ¡soy buena en esto, eh! - Vas a ir a buscar a Nataly y le vas a dar un beso a ella, luego a su pancita porque Emma nace a media noche y ¡Está teniendo ahora MUCHAS CONTRACCIONES! - Y allá va corriendo como un niño feliz el mejor guerrero que tiene Malán. - ¿QUÉ PASÓ? - Papá se acerca algo agitado por el esfuerzo físico - ¿A dónde fue Raul? - Me pregunta intrigado - Parece que Emma estuviera a punto de nacer - Volteo y le doy una mirada de complicidad - No puede ser, ¿Justo ahora? - Afirmo con mi cabeza. - ¿Sabes papá?, yo creo que aparte de toooodo los talentos que tienes y poderes, también eres adivino - Le digo en un tono de broma, me queda mirando con malicia y sonríe de lado, por lo que me alejo de él e inició a correr, me alcanza y suelto un grito- ¡¡AH!!, lo siento, lo siento - le digo entre risas mientras me sujeta en sus gigantes brazos y me hace cosquillas - ¡YAAA! - Me afloja un poco - Ya estoy grande para estás cosas, papá, me avergüenza - le digo en tono bajito. - Pareces un tomate - Me soba la cabeza - Vamos a trabajar en lo que falta, tenemos que ir a conocer a mi ahijada - Se da la vuelta y se va. - ¿Me tengo que preocupar? - Le digo en tono celoso, pero solo es broma. - Sabes que no, princesa - Me contesta mientras se aleja a traerme más problemas, digo, trabajo. - A ver... - Me inclino para continuar con mi siguiente herido y así del mismo modo con quinientos diecinueve más.
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