Capítulo 19: Mio

804 Words
...Un mes después... El tiempo ha pasado muy deprisa, el capitán me ha asegurado que si continuamos viajando con la misma velocidad y si el clima lo permite lograremos llegar pronto a su hogar, aunque lógicamente hemos hecho paradas para comprar suministros o para reparar el barco luego de enfrentamientos. Ayer tuvimos esa clase de enfrentamientos, nuevamente el capitán me dejó oculto en su habitación y regresó a mis brazos una vez la batalla concluyó, la única diferencia es que dejaron a un chico con vida. Antiguamente era un esclavo, lo encontraron encerrado en una de las celdas del barco con fuertes marcas de agresión que evidenciaban la crueldad de sus amos, aunque como era de esperarse, estaba asustado y trataba de huir de la misma forma en la que al principio lo intentaba hacer yo. Como mostró señales de ser más agresivo que yo, lo encerraron en una de las celdas de manera provisoria, yo tras enterarme de su existencia le llevé comida y traté de hablar con él, pero era evidente que no lograría ganarme su confianza tan rápido. Leo es quien está a cargo de cuidarlo, el capitán no desea que intente lastimarse, además al igual que como ocurría conmigo, la tripulación se muestra desafiante y peligrosa, asustándolo aún más. Por ahora parece que Leo tiene todo bajo control, así que como se acercaba la hora de comer, caminé hacia la zona del timón donde mi amado se encontraba. Varios de la tripulación se encontraban en babor y estribor, ya sea limpiando o trabajando bajo las órdenes de mi atractivo capitán, quien por supuesto dibujó una sonrisa en sus labios tras verme. —Que sexy te ves cuando caminas hacia mí —mencionó al nada más tenerme cerca. —Y tú te ves increíble sin camisa— dije con una gran sonrisa en mis labios mientras en el proceso mis ojos recorrían su pecho desnudo— pero no he venido a coquetear, más bien quiero saber si te llevo el almuerzo a tu cabina. —No, aún es temprano— me respondió moviendo sutilmente el timón. —¿Es muy complicado navegar un barco? —le pregunté con curiosidad. —No, mira— dijo abriéndome acceso entre sus brazos, guiando a que mis manos se posicionaran en el timón. Yo estaba un poco nervioso, sus desnudos brazos se mantenían rodeándome y al mismo tiempo, cuidaba que no perdiera el control del timón, aunque cuando lo soltó me espanté un poco tras creer que sería más fácil de sostener, algo que lo hizo reír. —Es sólo cosa de práctica—me aseguraba, acercando su rostro hasta el mío, queriendo mirarme a los ojos— una vez te acostumbres, podrás suplantarme— añadió con una sonrisa en sus labios. —¿Y no te da miedo? Te podría dejar sin tripulación— bromeé, viéndolo a los ojos. —No, todo lo mío es tuyo, mi vida— me dijo antes de atrapar mis labios, olvidando que había gente cerca. Por un momento también me olvidé de ello, como lo tenía a mis espaldas me dejé llevar por la calidez de sus labios que salieron al encuentro de los míos, o al menos hasta que oímos chiflidos de celebración que nos hicieron cortar el beso para mirar a la tripulación que nos había visto. Ellos chiflaban y hasta algunos alzaban sus copas de ron brindando por nosotros, algo que lograba teñir mis mejillas de rojo por sentir sus atentas miradas. Hasta ahora el único que lo sabía era Leo, pero como ya llevamos un mes no quería alargar demasiado la noticia y por lo mismo, no separé mi rostro del suyo aun cuando sabía que nos verían besarnos. —Ahora todos saben que eres mío...—susurró sobre mis labios, robándome otro pequeño beso. —Cariño, ¿Cuánto tiempo estará el nuevo chico encerrado? —pregunté luego de cortar el beso. —Quería que hoy pudiera pasar la noche fuera, específicamente en tu habitación, de ese modo podemos hacerle ver que en realidad no buscamos lastimarlo— me respondió. —¿Por qué en mi habitación? ¿Dónde dormiré yo? —le pregunte, viendo como una sonrisa coqueta se formaba en sus labios. —Conmigo, obviamente— respondió— ya es momento de que te cambies de habitación, además sabes que duermo mucho mejor cuando estás conmigo. —Ya lo sé, pero si comparto habitación contigo, sé que sería peligroso y perjudicial para mi cuerpo. —Prometo no hacértelo todas las noches— trataba de convencerme— además, piensa en el chico, podría sentirse incómodo si lo dejo dormir con el resto. —Que generoso— comenté riendo, ya que en realidad era evidente que sólo usaba al chico como una excusa para hacerme dormir a su lado durante todas las noches restantes.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD