Capítulo 47: Refugio de Sombras La lluvia había cesado, pero el aire seguía frío, cargado con el hedor metálico de la sangre. Ariadna y Cloe caminaban rápido, evitando las calles abiertas. No hablaban. Las palabras eran como cristales rotos en la garganta, y cualquier sonido innecesario podía atraer lo que aún rondaba por la ciudad. Encontraron el edificio al doblar una esquina: un bloque gris, con ventanas tapiadas y una puerta de hierro entreabierta. Parecía un buen lugar para pasar la noche. O al menos eso querían creer. —Aquí —susurró Ariadna, empujando la puerta con cuidado. El chirrido metálico sonó como un grito en la oscuridad. Adentro, el pasillo estaba cubierto de polvo y huellas secas. Había marcas en las paredes, como rasguños profundos. En un rincón, un carrito de

